La corrida «monstruo» de Santander (II)

La tercera parte

Sin solución de continuidad comienza la tercera parte de esta “corrida monstruo”. En el ruedo Machaquito y El Gallo, con toros del marqués de Saltillo.

En su primer turno, Machaco “se ciñe en el manejo de la franela y aguanta varias coladas”. Tras nueve minutos de actuación, se dividen las opiniones. Con el que salió en tercer lugar, el torero de Tomares “empieza a torear de muleta de cerca, aunque movido y próximo a las tablas” y al final escucha algunas palmas. Con el 5º, al que recibió con “un hermoso cambio de rodillas y luego seis verónicas superiores”, se lució mucho con los palos en medio de una gran ovación. “Con la muleta comenzó arrodillándose, luego siguió con otros naturales, de pecho, de rodillas. La faena fue soberbia y la coronó con un magnífico volapié, del que rodó el toro sin puntilla. En la faena empleó sólo tres minutos, concediéndosele una oreja en medio de una gran ovación”, detalla el cronista.

Rafael El Gallo (de grana y oro) recibió con acierto a su primero “y la asamblea muestra su complacencia con abundantes palmas. Al empezar la lucha del toro con la caballería, Gallo tira una larga que se aplaude con entusiasmo”. Según narra la crónica que publica ABC, Rafael comienza su faena “adornándose con pases de varias marcas. Uno de ellos lo remata con las odillas en tierra”, pero  luego falla a espadas. Ante el cuarto, consiguió “una magistral y artística faena, en la que hay cinco pases seguidos cambiándose la muleta por la espalda, pases de molinete, de rodillas y todo el gran repertorio delos días de fiesta”, pero nuevamente se demora con los aceros. Mucho se lució el mayor de la dinastía con los palos en el cerraba plaza, en especial en un cambio y en otro par del trapecio, para luego volver a recibir muchas palmas con la muleta y fallar a la hora de la verdad.

Y el cronista concluye su muy largo trabajo: “Eran las siete cuando murió este último toro. La fiesta terminó dando el público grandes vivas a la tierruca. El desfile resultó brillante. El público salió contento de la fiesta. Cada torero ha dado su nota, entusiasmando al público hasta el punto de hacerse pesada la fiesta de los 18 toros”.

La viñeta que publicó «El Imparcial»

Las otras versiones del acontecimiento

La Correspondencia de España su cronista titula “La corrida mostruo de Santander”, en la que pone un especial énfasis el gran número de forasteros –incluso de Paris, especifica—que se han desplazado a la capital santanderina y en la enorme animación de la ciudad, para luego construir una crónica de corte clásico para su época: toro a toro.

Con una modificación significativa, el cronista de El Liberal titula “La corrida monstruosa”, para luego detallar cada lidia con toda pormenorización, que cierra con pocas palabras: “El público invade el anillo y abraza a los maestros. El desfile, brillantísimo”.

Por su parte, el cronista de El País titula de forma parecida a los demás: “La corrida mónstruo”. Y entre los pocos matices que incluye en su crónica telegráfica, uno: “Es demasiado espectáculo para un solo día”.

Mucho distó de este pormenorizado relato la versión que en su número de del 30 de junio dio The Kon Leche, en un amplísimo despliegue en el que no deja títere con cabeza, que destacaba a doble página con la siguiente titulación:

“La tabarra de Santander. Dieciocho toros muertos. Cuatro gatos en los tendidos. ¡Doce mil pesetas de pérdidas!”. Pero no por eso renuncia a su gallismo: “El heroe Gallo. Ha hecho maravillosas faenas en sus tres toros”. Y el peor parado el empresario, un tendero de ultramarinos al que ataca de forma inmisericorde.

Y dentro de su tono desgarrado, tiene un recuerdo, un mal recuerdo, para algunos colegas. Al referir el ambiente de vísperas en la Estación de trenes de Madrid cuanta que “no había nadie de los que se sacuden el bolsillo para ver una corrida allende el extrarradio, De los que van de morrillazo había un tres completo. ¡Lo presumíamos. La flor de nuestros revisteros que han sido invitados y costeados a pedir de boca, estaban allí como un solo hombre”.  A partir de ahí, se pone a referenciar, medio a medio, los que iba en coches de primera y los que iban en tercera. Para concluir rotundo: “Y desde el andén nos volvimos, porque nosotros en esta juerga periodística-montañesa no hemos pasado de la Estación del Norte”.

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