Hoy hace 91 años que se presentaron en Cuatro Caminos los hijos de Bienvenida, los «niños toreros»

1928 es el año triunfal de los «Niños de Bienvenida», Manolo y Pepe, que alcanzarían años más tarde  gran fama como espadas.En nuestra plaza debutaron con novillos de Fabián Mangas

 

Sabido es que, Manolo y Pepe Bienvenida, los primeros vástagos de D. Manuel Megías Rapela, aquel al que el crítico taurino D. Modesto bautizara como Papa Negro de la torería, fueron dos niños prodigio capote y muleta en mano, que a la edad de doce años ya tenían revolucionado al mundo taurino. Nacido Manolo en 1.912 en la localidad sevillana de Dos Hermanas y Pepe, al año siguiente en Madrid, la niñez de ambos transcurrió en la capital hispalense y allí fue donde en 1.925, lo que era un juego de niños, se convirtió en irresistible vocación. Dicen que D. Manuel, el padre, no había pensado que sus hijos fuesen toreros, cosa que uno pone en duda, que quería que estudiaran, que no pasaran las penalidades que él sufrió en su carrera harto azarosa. Y no digamos nada Doña Carmen Jiménez, la esposa.

    Bienvenida padre, torero también desde muy temprana edad, hijo de un célebre banderillero que usó como alias el nombre del pueblo extremeño donde nació, en la provincia de Badajoz, localidad que debe a ésta dinastía el ser conocida, por lo menos, en el orbe taurino, pues ellos, los Bienvenidas, siempre proclamaron con orgullo el origen de su cuna. D. Manuel estaba llamado a ocupar un puesto cimero en la torería. Alternativado en 1.905 en la Feria del Pilar, desde el primer momento fue escalando posiciones y teniendo hueco en todas las ferias. Su temporada cumbre fue la de 1.910. Ya D. José de la Loma “Don Modesto”, le había dado el apelativo que se le da al Superior de los Jesuitas, al que se le suponía tanto poder como al Papa de Roma. Éste, taurinamente hablando y según lo había bautizado también el ingenioso crítico, era Ricardo Torres “Bombita”, primerísima figura en ese interregno que va desde la despedida de Guerrita hasta la arrolladora aparición de Joselito.

     Aquel año de 1.910, tanta era la expectación que levantaba Bienvenida, tantas sus cualidades para llegar a lo más alto, que la empresa de Madrid lo anunció el jueves 10 de Julio en una corrida extraordinaria en la que él solo mataría seis reses de Trespalacios.

     Expectación al máximo e inicio triunfal de la corrida. En el tercero, bruscamente se va todo a tierra. Una cornada tremenda que truncó para siempre la carrera de Bienvenida. Larguísima convalecencia, pérdida de facultades, de sitio… Los contratos se fueron disminuyendo. Como último recurso emigró a Sudamérica, a torear lo que fuera. Allí le nació en Caracas, en 1.922, otro hijo Antonio, y en 1.924 decide retirarse. Vuelve a España y se instala en Sevilla en una casa de la calle Marqués de Paradas, muy cerca de la Plaza de Armas. Los dos hijos mayores, Manolito y Pepe, distraen sus ocios jugando al toro en la cercana Alameda de Hércules, aquella en la que se encontraba el hotelito donde la “Señá Gabriela” ejercía su matriarcado ante la devoción y el acatamiento de sus hijos que se llamaban Rafael el gallo y Joselito. En otro chalet vivía aquel orfebre del toreo, nacido en Triana, casi donde la calle Betis se acerca a la Plaza de Cuba, según reza la lápida que recuerda que “en ésta casa nació en 1.902 Manuel Jiménez “Chicuelo”. Recién nacido se fueron a la Alameda y allí sigue en pié, en el número 89, el domicilio de aquel torero, padre de la escuela sevillana.

     Pues allí, en aquel sitio, jugaban al toro Manolito y Pepe, siendo un perrillo adiestrado por ellos el que les embestía.

  Un día les vio el ganadero D. Anastasio Martín y se quedó embobado ante la gracia y el arte de los chiquillos. Tan es así, que le faltó tiempo para hablar con el Papa Negro proponiéndole que actuaran, como fin de fiesta en una novillada que estaba organizando a beneficio de los Empleados de Escritorio. Accedió D. Manuel y así, el 28 de Junio de 1.925, hicieron el paseíllo en la Maestranza para matar novillos de García Pedrajas, Rayito, José Ordóñez, hermano del Niño de la Palma, y niño de la Rueda. Tras la novillada dos becerros del Marqués de Salas para Manolito y Pepito Bienvenida que, como era de esperar, maravillaron al personal.

     Ya no se hablaba en Sevilla de otra cosa, en vista de lo cual el domingo siguiente, 5 de Julio, vuelven a hacer el paseíllo en el histórico coso para matar, otra vez, becerros del marqués de Salas tras una novillada de Villalón en la que actúan Raimundo Tato, Ruiz Vela y un novillero torrevejense llamado Martínez Vera.

     Nuevo éxito. El mundo taurino no habla de otra cosa y ya toda España reclama en sus plazas, en sus ferias, a los “niños de Bienvenida” como cariñosamente se les conoce.

 

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