1597 Libro de acuerdos de la Justicia y Regimiento de la villa: exposición al Rey de los servicios prestados por Santander a la Corona de Castilla (I)

 

En el Libro de acuerdos de la Justicia y Regimiento de la villa, de 1597, se inserta una curiosa
exposición que al Rey hacen los vecinos de Santander, pidiendo ayuda para el remedio a tantos males como la peste trajo a su recinto, y en ella se inserta una relación de los servicios prestados por sus autoridades y vecinos a la Corona de Castilla: «Está esta villa tan despoblada y apestada-dice-que se podrá muy tarde poblar, si su majestad no le hace una gran merced para que se remedie
el grande daño que ha habido y hay, que según lo que se tiene entendido no quedarán personas que puedan volver por esta república ni defendella si el enemigo viniere por estas partes por estar fronteras de Inglaterra, de Francia y Flandes, y ser esta villa uno de los pueblos importantes a la Corona real, y en el paso para toda Castilla y adonde su majestad puede con mucha facilidad hacer sus armas y hacer fábricas por tener montes en abundancia y muy cerca tierras y campos para la provisión de ellas, como las ha hecho de ordinario en el tiempo del Emperador Carlos Quinto, de gloriosa memoria, como de los reyes sus antepasados en las guerras que tuvieron con Francia, defendiéndose siempre esta villa a su costa. Y estando los vecinos y naturales della con las armas en las manos repartidos en cuatro compañías, acudiendo cada capitán a su puesto con su gente, gastando pólvora y las demás municiones a su costa, sin que su majestad les haya dado sueldo ni otra ayuda de costa alguna, defendiendo siempre esta villa como más leales vasallos. Y el dicho alcalde dijo que viesen y propusiesen y confiriesen entre sí, si tenían otra cosa de que hacer relación a su majestad. Y los dichos señores rexidores y procurador general dijeron que demás de lo susodicho y de otros muchos servicios que de tiempo inmemorial a esta parte ha hecho esta villa a la corona real, recibió en este puerto en el año de sesenta
a la Reina doña Ana, nuestra señora, con su armada, y la alojó y aposentó sirviéndola como ha acostumbrado.

Continuará

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