La batalla de Santander durante la Revolución de 1868

  • Se alzaron, durante el día y la noche del 23, barricadas en Cuatro Caminos y en las proximidades del Hospital, de la calle Alta; en las Rúas Mayor y Menor -a la entrada superior del arco de la catedral-; entre el Matadero y la Administración de Correos; en la calle de la Concordia; en Becedo, formando barrera entre la calle de Cervantes y la casa del conde de Isla, y en las encrucijadas de la Plaza Vieja, donde quedó constiuída la base del mando de operaciones
  • El tiroteo por la Alameda fue el más intenso.En la barricada de Becedo, junto al comercio de Julián
    Gurtubay estaba emplazado un cañón y reforzada por puestos de tiradores situados en las casas vecinas

En la Revolución de 1868 tuvo Santander un especial protagonismo. Esteban Polidura Gómez, tertuliano de «San Quintín» y amigo de Galdós, fue testigo de la resistencia y batalla ciudadana que se desarrolló del 19 al 24 de septiembre cuando las tropas de Calonge tuvieron que emplearse a fondo entrando incluso a la bayoneta, después de rebasar la barricada instalada en Cuatro Caminos. Santander y Santoña estuvieron entre las primeras localidades que se sublevaron en España. La batalla en Santander fue dura con numerosas bajas por ambos bandos. Los que fueron tomados prisioneros no fueron pasados por las armas gracias al bondadoso comportamiento del obispo López Crespo que rogó encarecidamente a Calonge que los perdonara, como así lo hizo. El gesto tanto del uno como del otro merece ser recordados por esta inusual actitud caritativa. El anciano obispo conmovió al general al que pidió que no fuera ni uno solo fusilado, a lo que respondió Calonge: -»Vaya su ilustrísima tranquilo, ya que voy a dar orden de que dejen a todos en libertad». Los huidos pudieron refugiarse en la goleta «Caridad».

Declarada ya la revolución en toda España, la Junta revolucionaria local lanzó un manifiesto a los habitantes de Santander en el que solicitaba sensatez, orden, respeto a las ideas religiosas y a la propiedad. Lo firmaron conocidos santanderinos con la expresión de viva la libertad y las futuras Cortes Constituyentes, pero en el escrito no figuraba el de ¡Abajo los Borbones! como respeto por parte de una ciudad que era profundamente monárquica.

En el cementerio de San Fernando se levantó un monumento a las víctimas que luego pasó al de Ciriego

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