La Plaza Vieja, sede de mercados, corridas de toros y funciones de teatro

 

En ella se encontraban el Ayuntamiento, la casona de Villatorre y, situada frente a ellos, la iglesia de los PP. Jesuitas (construida a principios del siglo XVII y también llamada «de la Compañía»). Con el paso de los años, la plaza Vieja se convirtió en el centro neurálgico de la ciudad y también en ella tuvieron lugar muchos acontecimientos históricos. En ella también desembocaban importantes calles, como San Francisco, La Blanca, la Compañía, Santa Clara y la calle del Puente que, por el Puente de Vargas que cruzaba La Ribera, conducía a la Catedral.

Se verificaba en ella el mercado público pero llegaron a cometerse tantas y tales extralimitaciones y trifulcas que en 1785 se dictó un bando obligando a retirarse bajo cubierto las tiendas establecidas en mitad del arroyo «dejando la plaza libre y desembarazada», y se prohibía la venta y reventa de pescados, frutos, ropas, etc. sin previa licencia. Más adelante, a los seis años de la conminación por el Alcalde mayor y al hacerse el «reglamento de regatones», los géneros comestibles comenzaron a expenderse en unas casetas frente a la calle de Villatorre, y la de pescados en la Rinconada de Santa Pía donde antes se establecían los panaderos.
Numerosas y reiterativas son las noticias sobre celebración de corridas en la Plaza pública, para lo que se montaba
una barrera de tablazón y los balcones eran transformados en palcos con colgaduras, y las funciones teatrales en las
fiestas de San Matías y del Corpus

 

Fuente: Escenas de Santander

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