Los escuadrones de aldeanas de Cueto, amazonas en sus pollinos…

 

Una tercera oleada de pacíficos asaltantes la constituían los escuadrones de aldeanas, amazonas en sus pollinos, en un sorprendente conjunto de cuévanos y hortalizas. Ellas venían medio oculta la cara en la sombra del pañolón atado en barbuquejo y espoleando al rucio con un retoño de quima desgajado de un chopo, al paso por el Alta. Los
pollinos traían combado el espinazo, barrigudos como en monstruosa preñez, agobiados por tanto peso y caminaban hincando las pezuñas dobladas hacia adelante como zapatos de pobre: a veces un resbalón de la resignada bestia determinaba el derrumbamiento estrepitoso de la amazona que allá iba, rodando en la confusión de cuévanos, lechugas, repollos y zanahorias. Del resto del escuadrón se alzaba un bureo de algazaras.

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