VITAL ALSAR, IN MEMORIAM: «La fe es la barca, pero sólo los remos de la voluntad la llevan»

Tomado del facebook de Ángel Neila Majada

Vital hizo honor a su nombre si elegimos una de las acepciones que de él se dan: «Que es tan importante o necesario que es imprescindible para algo.» Navegante, aventurero y mensajero de la Paz, a Vital Alsar la navegación le ofreció la posibilidad de pensar, de reflexionar y de encontrar lo que en la tierra no encontraba, pues en ella, «están marcando continuamente tu camino. El premio es la libertad, y yo en mi vida me he propuesto ser libre», declaró en cierta ocasión en tierras gallegas.
Vital Alsar es uno de los grandes navegantes que ha dado esta tierra cántabra tan tacaña a la hora de reconocer y poner en valor los méritos de sus hijos más ilustres. No soy dado a hacer comparaciones, mas con la muerte de Vital, nacido en Santander en 1933, no puedo dejar de pensar en el almirante Ramón de Bonifaz y Camargo, al que unos hacen francés, otros burgalés y casi nadie ubica su naturaleza en Cantabria, sabiéndose como se sabe que no se sabe dónde nació. Como tampoco se sabe dónde nació Pero Niño Lasso de la Vega, conde de Buelna, militar, marino y corsario hijo de Inés Lasso de la Vega, cuyo padre, Pedro, era hijo a su vez de Garci Lasso de la Vega «El Viejo» y Urraca de Castañeda. Un Pero Niño que como su padre fue experimentado ballestero, siendo «La Niña» el nombre que Pero dio a su ballesta preferida, y que tuvo su homónimo en uno de los tres barcos que participó en el descubrimiento de América, «La Niña», cuyo maestre y dueño era Juan Niño, familiar de Pero Niño, siendo los «Niño» una estirpe de marinos avezados y curtidos en las travesías atlánticas y mediterráneas. Y qué decir de Juan de la Cosa, marino cántabro piloto y propietario de la Marigalante, otro barco que junto con el de Juan Niño dejó su impronta en el descubrimiento del nuevo mundo.
Aunque en épocas y circunstancias diferentes, en mi humilde opinión Vital Alsar está a la altura de los grandes navegantes que ha dado esta tierra. Y, además, vivió y murió como él eligió, libre. Sin más ataduras que su compromiso con la paz de los pueblos.
Sus cenizas serán desparramadas en La Maruca, donde vivirá para siempre, al arrullo de las olas que vienen y van.
Foto: La balsa de Vital Alsar.

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