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2 diciembre 2020

La rebotica santanderina que endeudó al poeta León Felipe

La rebotica que fuera de León Felipe está situada en la Plaza de la Esperanza, 7 de Santander
La rebotica que fuera de León Felipe está situada en la Plaza de la Esperanza, 7 de Santander

El 11 de abril de 1884 nació en Tábara (Zamora) Felipe Camino García, quien, con los
años, vendría a ser conocido con el seudónimo de León Felipe, tal vez por haber nacido el día que el calendario católico consagra a San León Magno. Siendo la profesión del padre la de notario, pronto se traslada la familia al pueblo castellano de Sequeros, lugar al que irán ligados sus primeros recuerdos. En 1893 se encuentra establecido en Salamanca, donde el padre ha abierto una notaría. Este hecho debe estimarse como un índice del entorno acomodado en el que la familia se moverá, en un tiempo y en una ciudad que seguían siendo conservadores y provincianos. Cuando llega la hora de escoger carrera, no habiendo sido un estudiante entusiasta, se inclina por la que requería menos esfuerzos que, en aquellos días, era la de Farmacia. Además  esta licenciatura suponía la oportunidad de establecerse en Madrid, ciudad donde podría continuar con su vocación teatral, la única que parecía motivarle. Ésa fue, en efecto, una de sus ocupaciones preferentes durante su estancia en la capital, donde descubrió, enterrado entre los dramones que solían representarse, a Shakespeare, por quien quedó para siempre sorprendido.
Además de otros encuentros con la cultura clásica, tuvo la oportunidad de frecuentar las salas del Prado y disfrutar de los Velázquez, Goya y Murillo que encontrarán, con el tiempo, reflejo en su poesía. Presionado por la familia termina la carrera y después, con la excusa del Doctorado, permanece unos años más en la ciudad.
En 1908 esta cómoda situación cambia repentinamente con la muerte de su padre, lo que le obliga a hacerse cargo de su madre y sus dos hermanas. Abre a tal fin una botica en Santander que nunca logró gestionar con acierto. Los negocios no eran campo de su interés, pera además parece que dedicaba más atención a la tertulia que se reunía en la trastienda de su farmacia que a la farmacia misma. En ella, en el casino y en el teatro, siguió codeándose con los que en Santander tenían alguna inclinación por las letras. Las dificultades en el negocio le amargaban la vida de señorito. Cuando en 1912 la situación se agrava sale a escondidas de Santander dejando pendientes el pago de cuantiosas deudas.

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