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20 abril 2021

Manuel Francisco Navarrete y Ladrón de Guevara, Abad de Santander

Navarrete y Ladrón de Guevara, Manuel Francisco. Elciego (Álava), 1645 – Burgos, 11.VIII.1723. Doctor en Teología, magistral de Palencia, abad de Santander, obispo de Mondoñedo y arzobispo de Burgos, escritor.

Hijo de Francisco Navarrete y María Ladrón de Guevara, ambos de “familias muy nobles”, que dieron a su hijo esmerada educación. Sus cualidades intelectuales le otorgaron una beca en el Colegio de Santa Cruz de Valladolid. Terminó los estudios de Teología. Ordenado presbítero, opositó y ganó la plaza de canónigo magistral de la Catedral de Palencia. En 1694 era agraciado con la Abadía de Santander. Por sus méritos fue presentado por el rey Carlos II para obispo de Mondoñedo y electo por el papa Inocencio XII el 1 de julio de 1699.

Recibió la consagración episcopal de manos del obispo de Valladolid, Diego de la Cueva, asistido de los obispos de Palencia, el franciscano Alfonso Lorenzo de Pedraza y de Salamanca, Francisco Calderón de la Barca, en la iglesia de San Francisco de Valladolid, el día 30 de agosto de 1699 (según E. Cal Pardo, 2003) mientras V. Guitarte (1994) lo fija en un día indeterminado del mes de julio de 1699. El citado E. Cal Pardo, en su voluminosa monografía Episcopologio Mindoniense […], estudia exhaustivamente el relativamente breve episcopado de Navarrete en Mondoñedo, de cuyo estudio destaca sólo algunos aspectos. El nuevo obispo hizo su entrada en la ciudad de Mondoñedo el 21 de septiembre de 1699. Su primer contacto con el Cabildo fue el 30 de octubre. Propuso algunos nombramientos de prebendados. Sometió a votación el nombramiento de magistral, previa oposición. Por otra parte, no se tardó más que unas semanas en aparecer disensiones entre un Cabildo poderoso y su obispo, por nimios detalles y privilegios más o menos protocolarios, una cuestión bastante extendida entonces entre obispos y Cabildos. Ya en diciembre de 1699 el Cabildo decidió no felicitar las Pascuas a su obispo, por “razones congruentes de política y urbanidad que habían usado siempre los Señores Obispos con el Cabildo y sus individuos”. La cosa se enconó después de la visita pastoral a la catedral en 1701, pues el Cabildo no admitió las veinticuatro conclusiones o mandamientos de la misma. Se tensaron las relaciones y se terminó en un pleito ante el Tribunal Metropolitano de Santiago, la Audiencia de La Coruña y el Tribunal de la Nunciatura. Y así fue pasando el episcopado, con un grave problema en 1702, en que el Cabildo escribió al obispo “que deseaba muy de veras las paces con su Prelado”, pero que no podía transigir (sobre quién presidiría las provisiones de las canonjías, en caso de ausencia del obispo, si el provisor, que señaló el prelado, o el deán, que exigía el Cabildo). Aparte estos problemas domésticos, se hicieron obras en la catedral, el obispo hizo visitas pastorales dos veces al año, mejoró el seminario y reunió un sínodo en abril de 1703. También surgió el llamado “pleito de los votos”. El 13 de marzo de 1701 había hablado al Cabildo sobre la conveniencia de poner al día las constituciones de la catedral, y fruto de ello fueron los correspondientes estudios y revisiones de las muy antiguas que regían desde 1579 y que, renovadas, se mandaron imprimir en Santiago de Compostela en 1705.

El 10 de febrero de ese año el rey Felipe V propuso a Navarrete para arzobispo de Burgos. Fue electo por el papa Clemente XI el 18 de mayo de 1705, y gobernó la sede arzobispal hasta su fallecimiento. Al enterarse los vecinos de Elciego, su pueblo natal, de su ascensión al Arzobispado de Burgos, hicieron grandes fiestas (Fernández Ibáñez, 1983). Con menos problemas que en Mondoñedo se desenvolvió la actuación pastoral de Navarrete. Y aún tuvo el detalle de, en septiembre de 1716, remitir con todo cariño al Cabildo de Mondoñedo el manuscrito de una historia de la diócesis mindoniense (Theatro eclesiastico…), escrita bajo seudónimo. En la Catedral de Burgos realizó varias reformas. Instaló dos magníficas rejas, construyó dos púlpitos, reformó la capilla de Santa Catalina y mandó hacer una colección de retratos de prelados antecesores, que se conserva todavía. También publicó en Valladolid una obra polémica, en latín, contra el obispo de Bayona (Francia) sobre la bula Unigenitus. Se considera que en esta obra fue ayudado por el jesuita Manuel Ignacio de la Reguera. También intentó escribir una historia de la diócesis burgalesa, pero sólo han quedado algunas transcripciones que hizo de documentos de diversos archivos. Falleció el 11 de agosto de 1723. Se hicieron funerales con gran pompa y se imprimió la barroca oración fúnebre de J. Orense y Torquemada (1723).

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