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25 octubre 2021

Con buenas palabras: Tomás de Kempis

Beato Tomás de Kempis.

Fácilmente estará contento y sosegado el que, de verdad, tiene la conciencia limpia.
No eres más porque te alaben, ni menos porque te critiquen; lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más.
Ten buena conciencia y tendrás siempre alegría. Si alguna alegría hay en el mundo la tiene seguramente el hombre de corazón puro.
He buscado el sosiego en todas partes, y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos.
El humilde conocimiento de ti mismo es un camino más seguro hacia Dios que el camino de la ciencia.
Si todos los años extirparamos un solo vicio, pronto llegaríamos a ser hombres perfectos.
La costumbre con la costumbre se vence.

Tomas Hemerquen, apellido que deriva de la palabra martillo y que nos indica que el oficio familiar era la herrería, nació en la ciudad de Kempen , en el año 1380. Falleció el 24 de julio de 1471 en el Monasterio de Santa Inés.
A los 12 años fue enviado a estudiar gramática, música, y el arte de copiar códices a la Escuela de Devemter que por entonces era el centro de la devotio moderna.
Su paso decisivo lo dio al ponerse bajo la dirección espiritual del Prior Florencio Radewijn y en compañía de otros veinte formaron el núcleo inicial de los hermanos regulares de la vida en común en 1399 se traslado al Monasterio Agustino del monte de Santa Inés en Zwolle, diócesis de Ultrech. En 1406 profeso, estos primeros años dejaron huellas profundas en el escrito Imitación de Cristo. Ordenado sacerdote en 1413 su vida transcurría en los claustros como copista, en 1429 es interrumpido por el viaje de toda su comunidad que se refugia en Lunkense. Al estar la diócesis de Ultrech en entredicho con Roma acompaña a su hermano de sangre Jun. Kemp entonces prior de Anmhein (Holanda), a su muerte regreso al monasterio de Santa Inés donde falleció a los 92 años el 25 de julio de 1471
En sus ratos libres, Tomás de Kempis fue escribiendo un libro que lo iba a hacer célebre en todo el mundo: La Imitación de Cristo. De esta obra dijo un autor: «Es el más hermoso libro salido de la mano de un hombre» (Dicen que Kempis pidió a Dios permanecer ignorado y no conocido. Por eso la publicación de su libro sólo se hizo al año siguiente de su muerte). No lo escribió todo de una vez, sino poco a poco, durante muchos años, a medida que su espíritu se iba volviendo más sabio y su santidad y su experiencia iban aumentando. Lo distribuyó en cuatro pequeños libritos. Entre la redacción de un libro la siguiente pasaron bastantes años.
El libro Primero de la Imitación de Cristo narra cómo es la lucha activa que hay que librar para convertirse y reformarse y los obstáculos que se le presentan a quien desea hacerse santo, entre los cuales está como principal «la sirena» de este mundo, o sea la atracción, el deseo de darle gustos al propio egoísmo y de obtener honores, famas, altos puestos, riquezas y gozos sensuales y vida fácil y cómoda. Este primer librito es como el retrato de lo que Tomás tuvo que sufrir hasta sus 30 años de las luchas y peligros que se le presentaron.
El libro segundo. Fue escrito por Kempis después de haber sufrido muchas tribulaciones, contradicciones, humillaciones y desengaños, especialmente en el orden afectivo. Destituido del cargo de ecónomo, abandonado por amigos que se había imagina le iban a ser fieles; es entonces cuando descubre que hay una amistad que no defrauda nunca y es la amistad con Jesucristo, y que allí se encuentra la solución para todas las penas del alma. Este libro segundo de la Imitación enseña cómo hay que comportarse en las tribulaciones y sufrimientos. Emplea mucho el nombre de Jesús indicando el afecto muy vivo y profundo que siente hacia el Redentor y que desea sientan sus lectores también.
Cuando redacta el Libro Tercero ya ha subido mas alto en espiritualidad. Aquí ya a Cristo lo llama El Señor. Se ha dado cuenta que la santidad no depende solamente de nuestros esfuerzos sino sobre todo de las ayudas de Dios. Ha crecido en humildad y exclama: «Cayeron los que eran como cedros del Líbano, y yo miserable ¿qué podré esperar de mis solas fuerzas?». Ahora ya no piensa en la muerte como algo miedoso, sino como una liberación del alma para ir a una Patria feliz.
El libro cuarto de la Imitación está dedicado a la Eucaristía y es uno de los más bellos tratados que se han escrito acerca del Santísimo Sacramento.Muchos autores han pensado que probablemente Tomás de Kempis recibió del cielo luces muy especiales al escribir La Imitación de Cristo. De otra manera no se podría explicar el éxito mundial que este librito ha tenido por más de cinco siglos, en todas las clases sociales.
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