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10 mayo 2021

LA CALLE DE LA BLANCA

a Blanca, se asentó gran parte del comercio de la ciudad. De trazado ligeramente curvo, conservó su fisonomía hasta que el incendio de 1941 acabó con ella.

En esta calle abrieron sus puertas al público establecimientos como Mafor, Ribalaygua, Nocito, la confitería de Ramos, la papelería de Fuertes, la farmacia de Matorras, la tienda de «El Toisón», Laínz, la sastrería de Garayo, la joyería de Presmanes, Samot, la ferretería de Ubierna…, algunos de los cuales siguen en la actualidad. La foto superior es de 1936.
La calle San Francisco, era claramente diferente. Su trazado era ligeramente ascendente hasta su confluencia con la calle de Tableros, desde donde descendía bruscamente hasta la Plazuela del Príncipe. Este trazado se debe a que antiguamente consituía el límite oriental de la villa, donde se encontraba la Puerta del Cay, o de la Mar, junto al muelle de la ensenada en la que desembarcó Ana de Austria, cuarta esposa de Felipe II.
Su primitivo nombre fue el de Don Gutierre, como así consta en un Padrón de Estados de 1786, apareciendo por primera vez el nombre de La Blanca en un acta municipal de 1780. Hasta su desaparición en el incendio de 1941 apenas varió su configuración. Su margen derecha la formaban las casas de La Ribera. Al igual que la calle de San Francisco, La Blanca también tuvo un carácter marcadamente comercial, con establecimientos como «El Botín de Oro», el bazar «El Paraíso de los Niños», los establecimientos de Gallo y Soberón, la «Camisería Inglesa», la mercería de Pedro Santamaría, la zapatería «Segarra», la «Papelería Española» y muchos más.

El incendio de febrero de 1941 acabó con toda la parte antigua de Santander y lo poco que se salvó del fuego fue derribado, por lo que la pérdida fue aún mayor. En la reconstrucción de la ciudad se trazó una nueva trama urbana, con otras calles, plazas, etc. y sólo se recuperaron algunos nombres, como recuerdo, para bautizar las nuevas calles y plazas, como la de San Francisco.

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