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22 junio 2021

Santander, en tiempos del obispo José López Crespo

 

Sixto Córdova y Oñate hace la siguiente semblanza del obispo arousano: “No quedan en la ciudad otros sacerdotes adscritos al servicio parroquial, que cuatro ecónomos, con la mezquina retribución anual de 3.000 reales cada uno. Fuera de estos cuatro, no había sacerdote alguno secular de esta diócesis: solo existían de ajena diócesis un capellán del instituto provincial y otro de la cárcel. Del clero regular había solamente cinco franciscanos exclaustrados, cuatro jesuitas, un agustino y el famoso Pedro Apolinar, dominico exclaustrado de Ajo, inmortalizado por Pereda”.

Efectivamente, Pereda en su obra “Sotileza” resalta la figura del padre Apolinar, “que representa la imagen del clero como consolador de los males sociales a la vez que guardián de los valores de la tradición popular”, cuando interviene en los respectivos casamientos de Andrés y Casilda.

Ante esta situación parroquial el obispo solicitó a las autoridades eclesiásticas y civiles que destinaran a Santander el personal que le correspondía según el Concordato de 1851, consiguiendo en julio de 1868 “la instauración de las cinco parroquias con sus ecónomos y archivos respectivos”. También se involucró en los problemas sociales de la diócesis, siendo la intervención más destacada del obispo conseguir del general Calonge el perdón para los 35 santanderinos que habían sido condenados a muerte por su intervención en las revueltas ocurridas en la ciudad el 24 de septiembre de 1868.

Cuenta el citado historiador Córdova y Oñate sobre este episodio que el obispo “cayó de rodillas ante el general y, llorando, hizo llorar a todos cuando dijo: si la justicia pública necesita alguna víctima, no llevéis el luto a infinitas familias, y si mi vida pudiera valer para librar la de estos infelices, estoy pronto a darla. No salga yo de aquí, sin la confianza de que ni uno solo de los prisioneros será fusilado”. http://www.farodevigo.es/

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