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5 diciembre 2020

Beethoven Sinfonía nº 5

Después de la Novena, la Quinta Sinfonía fue la obra que más tiempo le llevó a Beethoven componer, cuatro años en total. Lo hizo ya casi totalmente sordo y en periodos interrumpidos por la composición de otras obras, como la Cuarta Sinfonía o la ópera Leonora. Sin embargo, la audacia del genio de Bonn ha convertido a la pieza en la sinfonía más célebre de la historia. En ella podemos sentir la llamada del destino a nuestra puerta, amenazante, que simboliza la lucha interna del propio artista, resumida en el conocido motivo inicial. No obstante se trata de un trabajo de grandes proporciones que conduce lentamente al oyente hacia un clímax que nos invita a oponernos a la fuerza del destino, al más puro estilo beethoveniano.
La obra arranca con uno de los movimientos más concentrados de todo el repertorio sinfónico de Beethoven. Se trata de un celebérrimo pasaje marcado de principio a fin por el motivo inicial, conocido como «la llamada del destino», inmediatamente reconocible y que domina al resto de elementos musicales durante todo el movimiento y que seguirá presente en toda la obra. Le sigue un scherzo segmentado en tres partes en el que percibimos cómo sigue latiendo el motivo principal, aunque atenuado por una atmósfera bien distinta. Si el primer movimiento era vehemente y furioso, el segundo es majestuoso y cambiante. Alterna pasajes de tranquilidad y simbólica delicadeza un punto melancólica, con otros de ceremoniosa circunstancia.
Los dos siguientes movimientos están musicalmente relacionados de manera estrecha a través del mismo motivo que salpica toda la obra desde el primer acorde. Entre ambos el compositor nos conduce hacia el final de la obra de forma lenta pero inevitable. En el último movimiento la épica del inicial es retomada y mezclada con la melancolía y la grandilocuencia del conjunto para conseguir un efecto de contrastes que nos incita a la reflexión y finalmente a la rebelión frente a un destino que, para Beethoven, estaba jugando en su contra y obligándole a esa lucha contra su sordera que le conducirá a una etapa de creación constante en la que verán la luz algunas de sus obras más celebradas.

El estreno de la Quinta Sinfonía tuvo lugar el 22 de diciembre de 1808 en Viena dentro del programa de un colosal concierto bethoveniano en el que también se estrenó la Sexta, un aria, el Concierto No. 4 para piano, algunos fragmentos de la Misa, la Fantasía para piano y la Fantasía coral. Aunque el recibimiento no fue entusiástico, con el tiempo la obra pasaría a formar parte de la cultura popular como ninguna otra composición musical.

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