Tomás de Zumalacárregui

General español de la primera guerra carlista, n. en Ormáiztegui (Guipúzcoa) el 29 dic. 1788. Peleó con bravura en la guerra de la Independencia, donde comenzó su carrera militar. En junio de 1808 se alistaba como voluntario en el quinto tercio aragonés y con él tomó parte en la heroica defensa de Zaragoza. Prisionero de los franceses, logra fugarse. Más tarde participa en la toma de San Sebastián y combate en S. Marcial. Su talante de soldado se forja alIado del famoso guerrillero Gaspar de Jáuregui, de quien fue ayudante. Destinado al regimiento de Vitoria en 18[8, allí le sorprendió el golpe liberal de 1820, que reveló en él su enraizada ideología absolutista, Rota su lealtad al régimen constitucional, se une a las tropas realistas del general Quesada. El retorno del absolutismo le llevó a una junta para la represión de delitos políticos. En 1829, ya coronel, desempeña el gobierno militar y político de El Ferrol. Con la muerte de Fernando VII nace el caudillo carlista. Al mando del joven ejército de Navarra la fama de Z. resuena pronto en España y encuentra eco europeo. Eficaz en la organización, hábil para aprestar guerrillas, duro en la batalla, siempre en vanguardia, inflexible en la disciplina, su estampa bizarra -mirar penetrante, largas y pobladas patillas, gesto altivo, anchas y encorvadas las espaldas- recuerda el tipo del bandolero romántico, a la par cruel ,y generoso señor de la sierra. Grandes soldados del ejército cristino -Rodil, Espoz y Mina, Espartero- conocieron frente a él la derrota. Lequeitio, Viana, Bermeo, Vergara son hitos de sus victorias. En 1835 el pretendiente D. Carlos le ordena la toma de Bilbao. Aunque z. prefiere dirigirse contra Vitoria, se dispone a cercar la capital de Vizcaya, cuando, herido en una pierna y mal atendido por un curandero, una infección le produce la muerte en Cegama el 24 jun. 1835. La causa carlista perdía al más bravo y popular de sus jefes.
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Del Libro de Javier Nagore Yárnoz ¡Gure Bandera España’ren! («Nuestra Bandera, ¡He aquí España! «):
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«En la Primera Guerra Carlista en el Frente Norte, el Jefe militar más destacado de las tropas Carlistas Vasco-Navarras fue sin duda el General Tomas Zumalacárregui, artífice de las victorias de Alsasua, Orbaizeta, Arquijas y también del sitio de Bilbao. Supero con creces a todos los Jefes LIBERALES, pero falleció a consecuencia de una herida, como los buenos Generales Carlistas, en Junio de 1835, precisamente junto a Bilbao la ciudad sitiada. Con su muerte los Carlistas perdimos a nuestro principal caudillo guipuzcuano y nuestro avance, hasta entonces imparable, se vio detenido por el Liberal Espartero. Los nietos de los Guerreros Requetés del 36 si entraron en Bilbao a mayor gloria de sus abuelos que desde el Cielo les aclamaban. POR DIOS, LA PATRIA Y EL REY Lucharemos nosotros también……
En Pamplona se hallaba el Coronel Zumalacárregui: Había sido depurado después de los sucesos de La Granja del 1832. Se une en Piedramillera a las pocas fuerzas carlistas navarras que quedaban, que estaban al mando de Iturralde, y Sarasa. Con ellos, se presenta en Estella. Allí es planteada la cuestión del mando único militar en Navarra, cargo para el que se había designado a Francisco Benito Eraso, pero éste todavía no se había incorporado al mismo. Sarasa propone a Zumalacárregui para que cubra este puesto interinamente hasta la llegada de Eraso. Iturralde se opone, pero Sarasa convence a todos los demás. Y Zumalacárregui empieza a trabajar reuniendo a todas las Partidas Carlistas y a todos los voluntarios, los va instruyendo y poco a poco consigue armarlos y va deslumbrándose un pequeño ejercito.
Zumalacárregui comenzó a cosechar pequeños triunfos, adoptando la táctica de guerrillas, a la espera de poder reunir un auténtico ejército. Pronto los demás vascos empezaron a fijarse en el. A la vista de cómo iban las cosas, el 7 de diciembre de 1833 las diputaciones carlistas de Vizcaya y Guipúzcoa, así como los cabecillas de Álava, nombraron a Zumalacárregui Jefe de todas sus fuerzas. Era el primer ejército que pudiera enfrentarse, a campo abierto y con éxito, a las tropas leales a la reina Guiristina.
Las primeras acciones de Zumalacárregui con sus batallones navarros, a finales de 1833, se limitan a hostigar a la fuerzas regulares y recoger el material bélico que dejan abandonado los liberales en Nasar y Asarta. Su primer gran éxito lo consigue en el llano de Güesa: sorprende a la Ciudad de Vitoria y derrota tres veces seguidas al General liberal Quesada: en Muro, en Alsasua y en Muez. La estrategia de Zumalacárregui empieza a hacer estragos en el generalato cristino «GUIRI». El General Carlista le pide a D. Carlos, como arma psicológica, que entre sea como sea, en España. Nuestro Rey que había salido de Portugal obligado por la derrota del Rey Miguel y estaba confinado en Inglaterra, logra escaparse y entra en España. La presencia de D. Carlos logra el efecto deseado y Zumalacárregui sigue cosechando victoria tras victoria: Artaza, Eraul, Las Peñas de San Fausto y Viana. En Álava vence por dos veces consecutivas al ejercito cristino en Alegría, victoria que remata con las acciones de Arquijas y Mendaza.
Los Carlistas vuelven a vencer en Ormaízrtegui, las Arquijas y Mendaza, en Donamaría y en Arróniz. Mientras tanto. Eraso vence a Espartero en descargo y tras la victoria de Zumalacárregui en su terreno favorito, las Amézcoas, Vizcaya y Guipuzcoa pasan a ser deminadas por nuestra tropas y nuestro Rey D. Carlos.
Los Requetés del Tercio de Zumalacárregui eran su mayoría hijos de Oñate, Mondragón y Vergara y junto a sus correligionarios Carlistas de los Tercios de Oriamendi y San Ignacio fueron la fuerza Carlista de Guipúzcoa.»

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