XXV Domingo del Tiempo ordinario

En este contexto donde san Lucas nos va desvelando el gran tema de la misericordia de Dios, como vimos explícitamente en el Evangelio del domingo pasado, se coloca esta parábola del administrador infiel, que tampoco está lejos del tema. A primera vista, no parece ejemplarizante, pero este administrador estaría seguro de la misericordia de su señor para hacer lo que hizo. Pensemos que en la época de Jesús este oficio lo desempeñaba normalmente un esclavo nacido en la casa y que disfrutaba de una amplia libertad y de plena responsabilidad; a lo que estaba obligado era a procurar el provecho de su amo, aunque se diera el caso de que buscara su propio beneficio, mediante préstamos con intereses abusivos. El evangelista destaca cómo le llega la noticia a su señor y cuál fue la reacción del administrador, que hasta fue elogiado y no condenado. Los exegetas explican que probablemente lo que hizo el administrador fue cancelar los intereses excesivos que pedía en beneficio propio.
Es evidente que de esta parábola se sacan algunas lecciones: una de ellas me viene de mano de Orígenes, cuando explica, en una homilía, las consecuencias del pecado: «Si pecas, tú mismo te escribes la condena del pecado». En un sentido figurado, este administrador hace escribir de nuevo los documentos donde se hallan registrados los pecados, que han sido borrados por el Espíritu Santo de Dios, a través de la Cruz de Cristo y la gracia del Bautismo. Por esto dice Orígenes: «No escribas de nuevo lo que fue borrado, ni repares lo que fue abolido; conserva en ti sólo las letras de Dios, permanezca en ti sólo la Escritura del Espíritu Santo». Se te invita, pues, a una especial llamada a la fidelidad total y exquisita al plan de Dios y a no sacar provecho de tus responsabilidades en beneficio propio. Ved qué ejemplo nos da san Isidoro de Sevilla en una bellísima oración al Espíritu Santo, donde, entre otras cosas, dice: «Tú, que amas la equidad suma, no permitas que nosotros turbemos la justicia. Que la ignorancia no nos lleve a hacer el mal, que no nos doblegue el favor recibido, que no nos corrompa la acepción del cargo o de la persona. Únenos a Ti con el don eficaz de tu sola gracia, para que seamos una sola cosa en Ti y no nos desviemos en nada de la verdad».
En cuanto al afán por las riquezas, la respuesta está en el versículo 9, que podemos leer así: Usad prudentemente las riquezas que tenéis, a fin de asegurar vuestra situación en la última edad; recordad que la riqueza impulsa a los hombres hacia la falta de honradez. Ved las riquezas como un préstamo que Dios nos hace para que las invirtamos en los pobres, y así se nos abran las puertas de las moradas eternas.
+ José Manuel Lorca Planes
obispo de Cartagena

Evangelio

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido. El administrador se puso a echar sus cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quién me reciba en su casa. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y le dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Éste respondió: Cien barriles de aceite. Él le dijo: Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe “cincuenta”. Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Él contestó: Cien fanegas de trigo. Le dijo: Aquí está tu recibo; escribe “ochenta”. Y el amo felicitó al administrador injusto por la astucia con que había procedido.
Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, lo vuestro, ¿quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos: porque, o bien aborrecerá a uno y amará a otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso al segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».
Lucas 16, 1-13

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