Luis Carrero Blanco: In memoriam

Nació en Santoña el 3 de marzo de 1903.
Ingresó en la Escuela Naval en 1918 y tomó parte en la campaña de Marruecos de 1924-1926.
Al producirse el Alzamiento Nacional y huyendo de ser ejecutado por milicias republicanas se refugió en las embajadas de Méjico y Francia, hasta que en junio de 1937 consiguió evadirse a la zona nacional.
Sirvió de enlace naval del Ejército del Norte con el general Dávila, y desempeñó la jefatura de operaciones del Estado Mayor de la Armada en 1939.
En 1940 fue nombrado subsecretario de la Presidencia del Gobierno, que desde 1951 tuvo categoría de ministro.
El 22 de julio de 1967 (siendo almirante) fue nombrado vicepresidente del Gobierno.
Ayudó a la designación del príncipe Juan Carlos como sucesor de Franco como rey.
El 8 de junio de 1973 fue nombrado Presidente del Gobierno.
El 20 de diciembre de 1973 fue asesinado por la banda de izquierda nacionalista vasca ETA en la calle Claudio Coello de Madrid mediante una bomba colocada en el subsuelo.
……….
Su personalidad estaba integrada de seis elementos:

Convicción inquebrantable de su fe católica.

Su entrega a una idea de España, la España tradicional, muy semejante a la de Franco: la España de los Reyes Católicos, los Austrias mayores, la defensa de la fe y el horizonte universal.

La vocación y la profesionalidad de marino.

El hábito del estudio en dos planos: el perfeccionamiento profesional, el estar al día; y el fortalecimiento intelectual de sus principios mediante un estudio constante.

La identificación absoluta con el modo de pensar y los designios de Franco sobre España, que es la clave de su actitud política.

Su vida laga de marino, su sentido estratégico de las relaciones internacionales y de la situación de España en el mundo. Curiosamente esta vista larga permitía que sus opiniones se modelasen con una flexibilidad y un pragmatismo que muchos desconocen; y que, por ejemplo, si no le hubiesen eliminado sus enemigos (que no eran solamente los terroristas ejecutores), habría dirigido, a las órdenes del Príncipe, una transición diferente de la que hemos experimentado, pero en ningún caso una involución pura y dura, como piensan quienes no le conocen.

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