El aeródromo de la Albericia

 

 

Publicado por JAVIER RODRÍGUEZ en El Diario Montañés

Santander ha sido ciudad pionera en múltiples iniciativas y ámbitos. Por ejemplo, la aeronáutica. De 1910 a 1965 permaneció operativo en La Albericia un aeródromo que no sólo tuvo relevancia local y regional sino también nacional, pues incluyó a lo largo de los años dos fábricas, una de aviones de guerra y otra de avionetas civiles. Surgió la iniciativa del aeródromo entre los responsables del Círculo Mercantil, que presidía Manuel Prieto Lavín, entidad que también forma parte de lo que el tiempo se llevó. Su pista se situaba, más o menos, en lo que hoy es la Avenida del Deporte. El 8 de septiembre de 1910 se produjo el primer vuelo, corto en el espacio y la duración, protagonizado por el francés Ferdinand Pascal.

 

A la izquierda, en la zona pacida, la pista del aeródromo de La Albericia. / DM

 

Según precisa el escritor e historiador Pedro Arce, experto en la materia, «aquellos aviones eran de elaboración muy artesanal, pero estaban realizados por manos maestras. De hecho, algunos siguen volando hoy en exhibiciones, lo que da idea de su calidad a pesar de las limitaciones técnicas y mecánicas de la época». Varios de los nombres que los pilotaron corresponden a ilustres paisanucos: Juan Pombo, Salvador Hedilla, Joaquín Cayón, Juan Ignacio Pombo, Teodosio Pombo, Jaime Illera, Laureano Ruiz Liaño… Todos dejaron huella indeleble.

 

Salvador Hedilla en uno de aquellos históricos aviones. / DM

La importancia del aeródromo queda subrayada por el hecho de que durante la guerra civil española incluso se estableció en él la jefatura aérea del norte de la zona republicana, cuyo primer director fue el torrelaveguense Eloy Fernández Navamuel, otro gran piloto. Llegó a albergar hasta ¡ochenta unidades! Con él como semilla creció a finales de la década de los cuarenta en Santander una gran afición hacia la aeronáutica, por lo que revivió aquel Aero Club creado en 1913 que llegó a tener unos mil socios (en su momento, el más importante de la capital).

El afamado Pathfinder, en La Albericia. / DM

 

Desde los inicios del recinto la gente se acercaba hasta La Albericia para ver, en plan espectáculo, el aterrizaje y despegue de las fascinantes «naves voladoras». El día 8 de junio de 1913 millares de personas presenciaron el inicio del viaje que Juan Pombo, acompañado por Enrique Bolado, realizaría con destino a Madrid. Lo hicieron a bordo de un sencillo «Bleriot XI», logrando atravesar así por primera vez la Cordillera Cantábrica. La misma expectación se produjo en otros acontecimientos, como el que protagonizó en mayo de 1935 Juan Ignacio Pombo, que despegó para completar con éxito el raid Santander-México.

 

Estos fuselajes fueron constuídos en las fábricas anexas al aeródromo. / DM

 

 

Los pioneros volaban, como se dice en el argot del sector, «a la estima», sin instrumentos de ningún tipo. Dicho coloquialmente, a ojo. Su audacia resultó, en consecuencia, pareja a su extraordinario mérito. Serán siempre tan inolvidables como el propio aeródromo santanderino, otra entrañable pieza del puzzle de la nostalgia.

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