En el Antiguo Régimen, la justicia no solo se dictaba: se representaba. Castigar era, también, enseñar. Por eso las ciudades reservaban lugares concretos para el escarnio (la picota) y, cuando tocaba, para la pena capital (el patíbulo/horca). En este paseo corto puedes seguir esas huellas en el mapa de la ciudad… y entender qué significaban.
Cuaderno de ruta (3 paradas)
1) Plaza Vieja (también llamada “Plaza de la Llana”)
Empieza en el corazón cívico de la villa. La documentación histórica recoge que este espacio fue conocido con varios nombres, entre ellos “Plaza de la Llana” y “Plaza Vieja”, antes de recibir otras denominaciones ya en el siglo XIX.
En clave de Antiguo Régimen, esta primera parada es importante por una razón: donde se gobierna y se comercia, también se “escenifica” la autoridad. No es casual que los símbolos de jurisdicción, orden público y castigo aparezcan cerca de los centros de poder municipal.
2) Calzadas de San Nicolás: donde “estaba la picota”
Aquí aparece la pista más directa para tu pregunta. Un estudio sobre el desarrollo urbano de la villa menciona expresamente que, en el entorno de San Nicolás, “estaba la picota”.
¿Y qué era exactamente esa picota? En términos históricos, se describe como rollo/columna (o estructura equivalente) asociada al castigo público, donde podían exponerse reos —y en algunos contextos incluso restos de ajusticiados— como aviso a la comunidad.
Traducción a lenguaje de calle: la picota era la “tarima moral” de la ciudad: un dispositivo para que la pena se viera.
3) Cuatro Caminos: el borde urbano y la lógica del patíbulo
El patíbulo es, literalmente, el “lugar donde se ejecuta la pena de muerte”. Y la horca es la estructura destinada a ese fin.
Para los siglos XVI–XVIII (Antiguo Régimen “pleno”), no he encontrado en las fuentes consultadas una mención tan explícita como la de la picota (con lugar inequívoco). Pero sí hay un dato muy revelador —ya en el arranque del siglo XIX, en un periodo de transición—: una historia de las calles de Santander recoge que, en Cuatro Caminos, “se alzó la horca” como amenaza represiva. En el mismo pasaje se recuerda su papel como entrada principal y cruce de comunicaciones.
¿Por qué importa para entender el Antiguo Régimen? Porque encaja con una lógica muy típica: colocar el castigo máximo en un punto visible y “de paso”, en el límite o acceso de la ciudad, donde el mensaje se multiplica.
El epílogo: cuando la picota empezó a sobrar
Con el giro político liberal, estos símbolos pasan de “normalidad urbana” a “recuerdo de vasallaje”. El Decreto CCLVIII de 26 de mayo de 1813, emanado de las Cortes de Cádiz, ordenaba quitar y demoler los “signos de vasallaje” en los pueblos.
No siempre se aplicó igual en todas partes, pero explica por qué hoy muchas picotas/rollos desaparecieron, se desmontaron o se transformaron.
Si quieres “ver” una picota de época hoy (cerca de casa)
En Cantabria se conservan muy pocas, pero hay dos ejemplos muy claros:
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El rollo/picota de Pesquera, declarado Bien de Interés Cultural (hay resolución oficial publicada).
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Los rollos del término de Bárcena de Pie de Concha, que la propia información turística regional destaca como uno de los poquísimos ejemplos conservados en Cantabria.