La discreta sismicidad de Santander

 

Aunque Cantabria figura entre las zonas de menor peligrosidad sísmica de España, el suelo de Santander y su entorno no está completamente al margen de los terremotos. La historia sísmica regional registra sacudidas leves, episodios sentidos por la población y algún temblor notable en el interior de la comunidad.

Santander no es Granada, Murcia ni el sur peninsular. Tampoco vive bajo la amenaza sísmica de las grandes fallas mediterráneas. Pero la capital cántabra forma parte de una península que, aunque moderadamente activa, registra movimientos sísmicos todos los años. El Instituto Geográfico Nacional mantiene una red de seguimiento en tiempo real y ofrece datos de terremotos recientes, catálogo histórico, mapas de peligrosidad y estaciones sísmicas. (Ign )

La fotografía general es tranquilizadora. Cantabria está considerada una de las zonas con menor riesgo de sufrir grandes terremotos en España. La sismóloga Resurrección Antón, del IGN, explicaba en 2025 que la comunidad presenta “una peligrosidad sísmica más baja” que otras áreas del país, y recordaba que la mayoría de los temblores que se registran son de baja magnitud y pasan inadvertidos para la población. (Cadena SER)

Sin embargo, la historia deja constancia de que Santander sí ha sentido la tierra moverse. El catálogo de “terremotos más importantes” del IGN recoge un episodio localizado en Santander el 3 de agosto de 1909, con intensidad IV, una sacudida perceptible aunque no destructiva. En la provincia destacan también los terremotos de Cabezón de la Sal en 1932, con varias réplicas y una intensidad máxima V, y el del Valle de Carriedo del 16 de octubre de 1938, de magnitud 4,9 e intensidad VI, el más relevante de los registrados en la relación histórica cántabra del IGN. (Ign )

Más cerca de la bahía, el listado oficial incluye movimientos posteriores como el registrado al suroeste de Rubayo el 11 de agosto de 2009, de magnitud 3,7, o el ocurrido al sur de Ribamontán al Mar el 4 de febrero de 2022, de magnitud 2,7. Son ejemplos de una sismicidad de baja a moderada entidad, vinculada a reajustes de la corteza terrestre y a estructuras geológicas regionales, que rara vez causa daños pero sí recuerda que el riesgo cero no existe. (Ign )

Los expertos insisten en distinguir entre magnitud e intensidad. La magnitud mide la energía liberada por el terremoto; la intensidad describe cómo se percibe y qué efectos produce en superficie. Por eso un sismo pequeño puede notarse si es superficial o cercano a una zona habitada, mientras que otros mayores pueden pasar casi desapercibidos si ocurren lejos o a gran profundidad. Según la sismóloga del IGN citada por Radio Santander, a partir de una magnitud aproximada de 2,5 la población puede empezar a notar algunos temblores. (Cadena SER)

En España, las zonas de mayor peligrosidad se sitúan principalmente en el sur y en el área pirenaica, mientras que el norte cantábrico aparece en una posición más favorable en los mapas de peligrosidad sísmica. El IGN publica mapas generales de sismicidad y peligrosidad, con epicentros representados por magnitud y con información procedente de su base de datos sísmica. (Ign )

La conclusión para Santander es clara: no hay motivos para la alarma, pero sí para la cultura preventiva. Protección Civil recuerda que un terremoto es una liberación repentina de energía en la corteza terrestre y mantiene recomendaciones de autoprotección para saber actuar antes, durante y después de una sacudida. (Protección Civil)

En una ciudad costera, densa y con edificios de épocas muy distintas, la prevención pasa por conocer las normas básicas: mantener la calma, alejarse de ventanas y objetos que puedan caer, no usar ascensores durante una sacudida, protegerse bajo una mesa resistente si se está en interior y seguir siempre las indicaciones oficiales. La preparación, aunque parezca innecesaria en una región de bajo riesgo, es precisamente lo que convierte un fenómeno natural inesperado en una emergencia mejor gestionada.

Santander no vive pendiente de los terremotos, pero su historia demuestra que la tierra, de vez en cuando, también habla bajo la bahía. En Cantabria, los sismos suelen ser discretos, breves y poco dañinos; aun así, forman parte del mapa geológico de una región donde la tranquilidad no debe confundirse con olvido.

Memoria de los terremotos más significativos sentidos en Santander

Hay que hacer una precisión: Santander no es una ciudad de gran riesgo sísmico, pero sí ha sentido temblores a lo largo de su historia. Algunos tuvieron epicentro en la propia bahía o muy cerca; otros procedían de zonas de Cantabria o incluso de fuera, pero fueron percibidos en la ciudad.

1. Terremoto de Lisboa — 1 de noviembre de 1755

El gran terremoto de Lisboa fue uno de los mayores seísmos históricos de Europa. El IGN recoge que fue sentido en la totalidad de la península ibérica. En Cantabria aparecen registros macrosísmicos en SantanderFontibreLaredoLiendo y Reinosa. En Santander la intensidad registrada fue III, es decir, un temblor perceptible pero sin efectos destructivos. (Ign )

Este sería el primer gran episodio “sentido” del que conviene hacer memoria: no por daños en Santander, sino porque demuestra que incluso grandes terremotos atlánticos lejanos podían hacerse notar en la ciudad.

2. Terremoto del norte de Santander — 16 de enero de 1899

El catálogo histórico del IGN recoge un terremoto el 16 de enero de 1899, a la 1:20, localizado al norte de Santander, con coordenadas próximas a la capital y una intensidad máxima V. El propio mapa macrosísmico muestra puntos de percepción en la zona de la bahía y alrededores.

Este es uno de los episodios más interesantes para la memoria sísmica local, porque no se trata de un temblor lejano, sino de un movimiento situado en el entorno santanderino.

3. Terremoto de Santander — 3 de agosto de 1909

El IGN incluye expresamente un terremoto con localización Santander el 3 de agosto de 1909, con intensidad IV. Una intensidad IV suele corresponder a un temblor claramente sentido por parte de la población, aunque normalmente sin daños importantes. (Ign )

Es probablemente el registro más directo que puede citarse como “terremoto de Santander” dentro de la relación oficial de terremotos importantes.

4. Serie sísmica de Cabezón de la Sal — abril-mayo de 1932

Entre el 27 de abril y el 4 de mayo de 1932, el IGN recoge varios terremotos en Cabezón de la Sal, con intensidades III, IV y hasta V. Aunque el epicentro no estaba en Santander, su importancia regional hace probable que algunos fueran percibidos en zonas amplias de Cantabria, especialmente el episodio de mayor intensidad. (Ign )

Esta serie forma parte de la memoria sísmica cántabra porque no fue un temblor aislado, sino una pequeña secuencia repetida durante varios días.

5. Terremoto del Valle de Carriedo / Arredondo — 16 de octubre de 1938

Es el gran terremoto histórico de Cantabria. El IGN lo sitúa el 16 de octubre de 1938 en el Valle de Carriedo, con magnitud 4,9 e intensidad VI. (Ign )

En la memoria popular aparece también como el terremoto de Arredondo. Crónicas locales y estudios divulgativos señalan que se sintió en buena parte del oriente y centro de Cantabria, llegando al entorno de la bahía. Se ha mencionado incluso que en Santander hubo daños en edificaciones antiguas y pobres, y que la torre de la iglesia de los Jesuitas perdió la cruz que la coronaba. Este dato procede de crónica local, no de la tabla oficial del IGN, por lo que conviene citarlo con prudencia. (antonioaretxabala.blogspot.com)

6. Reocín — 7 de enero de 1965

El episodio de Reocín ocupa un lugar especial porque mezcla sismicidad, minería y hundimiento del terreno. La Cadena SER, citando a la sismóloga Resurrección Antón, recuerda que en Cantabria los terremotos históricos de mayor magnitud se produjeron en 19321938 y 1965, y menciona el caso de Reocín, donde el cedimiento de galerías mineras provocó el derrumbe de unas 300 casas, sin víctimas mortales. (Cadena SER)

No debe tratarse como un terremoto natural típico sin matices: fue un fenómeno asociado a la mina, pero sí pertenece a la memoria cántabra de movimientos del terreno.

7. Rubayo — 11 de agosto de 2009

Más reciente y muy cercano a Santander fue el terremoto registrado el 11 de agosto de 2009 al suroeste de Rubayo, con magnitud 3,7 y profundidad de 20 km. Por su proximidad a la bahía, es uno de los registros modernos más destacables del entorno santanderino. (Ign )

8. Ribamontán al Mar — 4 de febrero de 2022

El IGN recoge también un seísmo el 4 de febrero de 2022 al sur de Ribamontán al Mar, de magnitud 2,7, muy próximo a Santander. Fue un movimiento pequeño, pero relevante por su cercanía geográfica. (Ign )

En resumen

La memoria sísmica de Santander puede resumirse así: 1755 como gran terremoto lejano sentido en la ciudad; 1899 y 1909 como referencias más directamente santanderinas; 1932 y 1938 como grandes episodios cántabros; 1965 como fenómeno asociado al hundimiento minero de Reocín; y 2009-2022 como recordatorio de que la bahía y su entorno siguen registrando pequeños movimientos.

Santander no vive sobre una zona sísmica peligrosa, pero su historia demuestra que, de vez en cuando, la tierra también se deja sentir bajo la ciudad.

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