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18 octubre 2021

Licores monacales

En el monasterio cisterciense de San Pedro de Cardeña,en Burgos(http://www.cardena.org/) además de servir y alabar a Dios y cuidar un impresionante conjunto histórico-artístico, se elaboran unos vinos y licores dignos del mejor y más exigente paladar.
En San Pedro de Cardeña, según el Cantar, el Cid, antes de salir para el destierro, dejó al cuidado de su abad a Jimena y a sus hijas, doña Elvira y doña Sol (cuyos nombres reales fueron Marí­­a y Cristina). Cuna de la leyenda cidiana, fue el lugar donde reposaron durante siglos los restos del Cid y de su esposa Jimena.El monasterio fue fundado por los benedictinos en 899, constituyéndose en un importante centro cultural y espiritual, especialmente en los primeros momentos de la construcción de Castilla. Del monasterio románico, saqueado en el 953 por el ejército de Abderramán III, aún queda la vieja torre del siglo X-XI y su claustro románico, del siglo XII.
San Pedro de Cardeña cuenta con una agitada historia, desde su fundación en los otrora agrestes paisajes de lo que luego serí­­a el reino de Castilla, fue saqueado en varias ocasiones -ya por ejércitos andalusí­­es o por las tropas francesas en el siglo XIX-; abandonado en el año 1836 tras la desamortización, fue ocupado temporalmente por distintas órdenes religiosas; durante la Guerra Civil fue utilizado como campo de concentración de prisioneros republicanos. Finalmente, el 1 de mayo de 1942, se restauró la vida monástica por monjes cistercienses llegados del monasterio palentino de San Isidro de Dueñas.Debido a estos avatares el monasterio carece de tesoros artí­­sticos de gran valor, pero sin embargo sus muros son en realidad un documento vivo de su historia, que el viajero curioso podrá descubrir con la ayuda de los monjes, siempre amables y hospitalarios, observantes de la Regla de San Benito. Por ejemplo, en su fachada austera, de origen barroco, puede verse una estatua del Cid en actitud muy similar a la representada en las imágenes de Santiago Matamoros: los desperfectos que se observan en ella son debidos a los disparos de las tropas francesas durante la ocupación. El saqueo francés afectó también a la tumba del Cid: los restos óseos fueron desperdigados por el templo e incluso sustraidos por los soldados que vieron en estos un valioso souvenir, razón por la que algunos museos europeos aseguran conservar hoy huesos del caballero castellano.La historia del cadáver del Cid es tan azarosa como su vida: muerto en Valencia, su cuerpo fue exhumado por Jimena poco antes de la conquista almorávide de la ciudad, en 1102, para ser enterrado con el paso de los años, en el monasterio, donde fue exhumado varias veces hasta su ubicación definitiva en la capilla-panteón del Cid, visitable, en la que pueden verse los sarcófagos del Cid y doña Jimena -esculpidos en el siglo XII por orden de Alfonso X el Sabio, descendiente lejano de Rodrigo, aún conservan pequeños restos de policromí­­a-, cenotafios de sus parientes y amigos, así­­ como diversos frescos y objetos de la época. Hoy los restos del Cid y su esposa se hallan bajo el crucero de la Catedral de Burgos.Desde la iglesia abacial del siglo XV en la que se encuentra la capilla accedemos al claustro de origen románico. Es llamado de los Santos Mártires porque se identifica con el lugar donde, según la tradición, 200 monjes fueron asesinados por las tropas andalusí­­es de Abderramán III. Los capiteles originales están labrados en piedra de arenisca roja y decorados con motivos vegetales. También románica es la torre de principios del siglo XI, denominada popularmente de doña Jimena gracias a los versos del Cantar, que sitúan en Cardeña el refugio temporal a la mujer e hijas del Cid durante el destierro.La fuerza del Cantar, poema en el que la historia y la ficción se entremezclan, ha sido tal que sin duda Cardeña puede considerarse el epicentro del mundo cidiano, lugar de historia y también de numerosas leyendas, como la de Babieca: a la salida, un monolito señala el lugar donde según la tradición fue enterrado el caballo del Cid. En 1949 el duque de Alba realizó allí­­ una excavación arqueológica, sin resultado.
El trabajo y la economía de los monjes de Cardeña se basa en el envejecimiento de vinos de mesa de gran renombre y solera llamados “VALDEVEGÓN” en las bodegas románica del cenobio, que reúne unas condiciones naturales inmejorables para su formación y conservación.
Un hermano trabaja artísticamente la cerámica. Y recientemente se ha iniciado un proyecto de maduración y envejecimiento de queso añejo de oveja, hechos con leche cruda
Además la comunidad elabora dos variedades de ya mencionado licor de hierbas denominados “TIZONA DEL CID” con propiedades digestivas si se toma con moderación.
El licor «Tizona del Cid»,se elabora en dos modalidades, verde y amarillo. Este producto tiene su historia. La Orden Cisterciense, fundada en 1098, como reforma de la Orden Benedictina, tiene sus caracteristicas que se reflejan en este Licor. Por ejemplo: su austeridad y sencillez en su modo de vivir propicia un conocimiento notable del campo y sus hierbas, y de técnicas agrícolas. Así nace este licro, que se fabrica BAJO FORMULA SECRETA a partir de la maceración, durante 15 días y en toneles de madera, de unas treinta hierbas distintas, cultivadas unas y recogidas otras en los campos castellanos, junto con una sabia adición de semillas exóticas como la canela, el acibar y el clavo. La pureza y densidad del licor se produce con la adición del jarabe al alcohol. Sale así un licor brillante, de unos 38º el amarillo y 40º el verde que posee -tomándolo con moderación- grandes propiedades digestivas. Resulta tambien agradabilisimo al paladar. Su sabroso nombre -TIZONA DEL CID- es un homenaje al Cid Campeador y a su vinculación con este Monasterio. Sobran, por ello, las palabras ante tan gran avalista.
En una próxima entada, hablaremos de los vinos que se elaboran en este monasterio.
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