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Las obras comenzaron en 1728 y finalizaron en 1744. En su construcción trabajaron principalmente artesanos indígenas. El elemento más destacado de este templo es su exuberante portada, un extraordinario trabajo de filigrana en piedra semejante a un bordado, cobijada por un gran arco de medio punto a modo de hornacina. Según el eje vertical, aparece dividida en dos partes: la superior, sostenida por una pareja de atlantes y otra de cariátides, representa el Cielo y la inferior la Tierra. El complejo programa iconográfico incluye elementos tomados del repertorio europeo y otros netamente locales. El complejo universo simbólico de San Lorenzo incluye sirenas tocando el charango, el Sol, la Luna, motivos vegetales autóctonos y unas curiosas figuras ataviadas con faldas de inspiración indígena. Se pueden observar estos mismos elementos en otras construcciones de la zona, como la iglesia de Salinas de Yocalla.