El año pasado por agua

Diego Emilio Fernández Álvarez , http://lazarzuela.webcindario.com

La llamada “Revista general de 1888” fue estrenada en el Teatro Apolo de Madrid el 1 de marzo de 1889, con el siguiente reparto en los principales papeles, Sr. Montijano en El año 1889, Sr. Mesejo en Mariano, guardia municipal, Sr. Ogladi en Neptuno, Julio Ruiz en Julio Ruiz y otros personajes, Pilar Vidal en Lavandera y señora de Huelva, Leocadia Alba en la modista y la Menegilda, Sr. González en Manolo. El éxito popular fue extraordinario y la obra se mantuvo en cartel (en Apolo y otros) tres años consecutivos. La crítica, sin embargo, no fue unánime aunque no dejó de reconocer los méritos de la partitura, principalmente Chispero que la elogió como deliciosa, alegre y casticísima, o Delito y Piñuela que destacó el recurso de sacar a escena a Julio Ruiz interpretando a…..Julio Ruiz. Incluso la crítica actual fluctúa, ya que, por ejemplo, en el Libro de la Zarzuela no sale bien parada esta obra, ni siquiera la mazurca y menos la habanera ¡Yo no lo comprendo!

Recorramos esta pequeña obra maestra de la mano de Juan Arnau quien en su obra La Zarzuela dice: ……Ricardo de la Vega y Federico Chueca, ambos impregnados de un casticismo que absorbieron en las calles de los barrios bajos matritenses y que llevaron a la escena con fidelidad tan lograda que enciende la duda de si verdaderamente las gentes eran así, como ellos las describen, o se hicieron luego a semejanza de los tipos que estos autores dieron vida en sus obras. Parece ser que fue la pertinaz lluvia que cayó sobre la capital de España en los primeros meses de 1889 lo que influyó decisivamente en el título EL AÑO PASADO POR AGUA, y por ello quizá la obra empieza, lloviendo, con la conocida canción infantil:

Que llueva, que llueva.
La Virgen de la Cueva.
Los pajaritos cantan.
Las nubes se levantan.
Que si.
Que no.
Que llueva a chaparrón.

No es la única vez que Federico Chueca utilizó canciones “del corro”, cuyo recurso aparece también en AGUA, AZUCARILLOS Y AGUARDIENTE. Lo que sí fue novedad, y muy sonada por cierto, es la ocurrencia de sacar a escena, como un personaje más de la farsa, al actor que lo representaba. Es decir, Julio Ruiz -artista mimado por el público madrileño- hacía el papel de “Julio Ruiz”, con alusión a su vida privada -dice Deleito- y aun a sus debilidades y vicios, que él ostentaba sin pizca de aprensión y hasta con orgullo; sobre todo el vicio de la bebida, generalizado entonces entre cómicos y gentes de letras, pero del que Ruiz, entre los primeros, y Dicenta, entre los segundos, hicieron un airón y un penacho. Salía Julio con chistera, que usaba a la sazón todo el mundo, y con un paraguas abierto (pues, naturalmente, llovía), persiguiendo a una modistilla, que sujetaba su larga falda para preservarla del barro; papel que interpretaba magistralmente Leocadia Alba. Ambos cantaban la celebérrima mazurca, que ha dado la vuelta al mundo:

Julio: Hágame usté el favor
de oírme dos palabras.
sólo dos palabras.
Modistilla: Va usté a saltarme un ojo
si se acerca,
con la punta
del paraguas.
…………………….
¿No sería muchísimo mejor
cerrar un paragüitas de los dos
y así, juntitos,
y agarraditos,
marcharnos al café de San Marcial?

Este café de San Marcial, existente entonces en la Plaza de la Cebada, era un local muy acreditado por sus platos, y huelga decir que desde la publicidad que le hizo la mazurca de los paraguas lo fue mucho más. En el menú que a continuación cantaba Julio Ruiz está clarísima la mano y la guasa de Chueca, cuando dice:

Mandar que nos preparen enseguí
un solomillo y unos langostí,
y unas chuletas,
y unas croquetas….

Ya lo escribimos en otro capítulo: cuando Chueca necesitaba una palabra, la inventaba, si en el diccionario de la lengua castellana no existía; el curso de la música no se interrumpiría por ello. Y ahí están unos “langostí” que saben a casticismo del más puro. La mazurca de EL AÑO PASADO POR AGUA dio mucho juego, particularmente en el fragmento que viene a continuación, cuando la modistilla preguntaba a Julio Ruiz su nombre:

Modistilla: ¿Su nombre
Julio: Julio Ruiz
Modistilla: ¿El actriz?
Julio: ¡El actor!
Modistilla: ¡Ay, que horror!
¡qué fama tiene usté de acá y de aquí! (de jugador y de bebedor)
Julio: Ya lo sé
esas son habladurías que corren por ahí.
Modistilla: Que maldad
Pues desde hoy
si usté ha de ser el dueño de mi amor…
Julio: ¿Qué he de hacer?
Modistilla: Jure morigerarse (alusión al juego que, digo yo, quizá él juegue a confundir con el “mujerío”)
Julio: Yo se lo juro a usté
Modistilla: Jure que ha de enmendarse (alusión a la bebida)
Julio: Eso si que no lo sé.

Al llegar a este punto, para entender todo lo que este diálogo significaba y lo que el público consentía a sus artistas mimados, volvemos al relato de Deleito, testigo presencial del estreno: “la voz vinosa de Ruiz (única que le conocí siempre) demostraba lo imposible de tal morigeración. Había realmente cinismo en el cómico, cinismo en los autores y una tolerancia en el público que solo se explica por la gracia de la letra, de la música y de los intérpretes del famoso dúo. En él metía después Ruiz toda clase de “morcillas”, sin duda para salpimentar el almuerzo”. Según el testimonio de Chispero el dúo de los paraguas lo tuvieron que repetir hasta seis veces la noche del estreno sus magistrales intérpretes Leocadia Alba y Julio Ruiz, que posiblemente no alcanzaron nunca éxito mayor dentro de sus afanes cómico-líricos..….. El ambiente acuático de EL AÑO PASADO POR AGUA, acomodó bien la idea de hacer aparecer al dios Neptuno, que sale a escena sobre las figuradas aguas en un magnífico carro tirado por dos caballos, a semejanza del que figura en la fuente del Prado. Llega a la orilla y desembarca al compás de una marcha -acuatica, dice el libreto- que toca la orquesta. Neptuno viste de frac encarnado, a la última moda. Chueca compuso para este momento uno de sus característicos valses, muy parecido al del Caballero de Gracia, de LA GRAN VIA:

De los mares rey me llaman
y sobre mi carroza
me paseo por doquier.
Y a las olas más bravías
las manejo a mi libre albedrío y placer.
De la fuente me he escapado,
pues ya me molestaba
tanto tiempo estar allí,
presenciando ciertas cosas
que, francamente, no se pueden decir.

Contesta el coro preguntándose qué sastre le habrá hecho a Neptuno el bonito traje que lleva y exponiendo sus dudas sobre si lo habrá pagado o no. Aludiendo a los sastres se nombraban los más prestigiosos de Madrid. A poco que se estudie este vals hallaremos que, nuevamente, su construcción nos recordará a Chueca. Lógicamente, por la música, pero es que su mano pecadora, aunque graciosa, es evidente en la letra de este pasaje, que sólo podía escribir él:

Grandes pescados habrá por allí,
pero mayores los hay en Madrid,
Hay tiburones que de un coletá…
casi derrumban el Banco de Espá…
Hay ballenatos de tal magnitud,
Que se asusta de verlos Neptú.
Y hay perecí
como el coral,
que son más listos
que Ducazcal (el empresario de Apolo).

La representación de EL AÑO PASADO POR AGUA es un seguido de escenas muy movidas, con tipos de todas las cataduras: de la actualidad de entonces, antiguos, representativos de algo, etc. Desde “el año 1890” que es el protagonista de la farsa, hasta la República, la Inquisición. El Chulo, la Lavandera, la Menegilda, los Guardias, Manolo y su señora, el Labrador y los Cursis, todos son tipos muy bien estudiados por Ricardo de la Vega y vitalizados por una personalidad castiza bien notable en los giros de su vocabulario. Por cierto, hablando de vocabulario, y volviendo a las diabluras de Chueca con el lenguaje, ¿puede ser de alguien que no sea el autor de LA GRAN VIA este verso?:

Te estuve esperando
en la sastrería.
Dispensa, Manolo,
que no lo sabía.
¿No es una vergüenza
ver a estos bailar
tan apegaditos
y tan tarantán?
Si al río vas mañana…
¿Qué hay?
La ropa sucia
tengo apartá.
Pues no puede ser mañana.
¿Por qué?
No es día de colá.

Forma parte del número del baile y de los guardias que empieza así:

Traemos los cuerpos trunzaus
¡Recataplau!
De estar en la esquina paraus
¡Recataplau!
Vaya un alcalde que Dios nos ha dau
Tan diplomático y tan estirau.

Realmente asombroso. Claro que estos monstruos (todo parece indicar que fueron pautas figuradas que, por lo que fuese, pasaron tal cual al libro) cuando se escuchan envueltos en la música de Chueca no admiten el menor análisis. Nos arrastran con su gracia de repente y los aplaudimos.

Los compositores

Federico Chueca Robles nació en Madrid (Casa de los Lujanes en la Plaza de la Villa, donde se cuenta que estuvo preso Francisco I de Francia tras su apresamiento en 1520 en la batalla de Pavía) el 5 de mayo de 1846 y murió en la misma capital el 20 de junio de 1908. Desde su niñez en el Conservatorio Chueca, con sus dotes naturales extraordinarias, no comprendía que hubiera que estudiar para ser músico, le molestaba escribir música y admiraba a quien escribía con soltura en el papel pautado como Barbieri o Bretón. Lo primero de Chueca que se llevó al pentagrama fueron unos valses titulados “El lamento de un preso” que compuso cuando lo estuvo por mor de los incidentes de “La noche de San Daniel” (La noche del 10 de abril de1865 la policía cargó contra las manifestaciones de estudiantes dejando nueve muertos y muchos heridos. Los estudiantes se manifestaban a favor de Castelar que había sido separado de su cátedra por un artículo titulado “El Rasgo” sobre la decisión de Isabel II de vender la mayor parte de su patrimonio regalando el 75% al Tesoro y reservándose el 25%, interpretando que tras su aparente generosidad se escondía un despojo a la Nación propietaria legítima de todo el Patrimonio.), liberado corrió a ver a Barbieri quien le hizo repetir la música y los pasó al pentagrama. Barbieri fue pues su primer colaborador con el que luego estrenó la zarzuela HOY, SALE HOY, el segundo Bretón con el que estrenó BONITO PAIS, siendo el habitual, hasta 1890, Joaquín Valverde, que le escribía la música y aportaba algún elemento técnico de su cosecha. Chueca se servía de “monstruos” (en el argot teatral son unas palabras, más o menos absurdas, pero que siguen una rítmica y que sirven para componer la música) y escribía la letra de muchas partes de sus obras, obviando al libretista. En 1875 estrenó su primera obra EL SOBRINO DEL DIFUNTO, y desde entonces se suceden los éxitos de los que me limito a detallar BONITO PAIS en 1877, LA CANCION DE LA LOLA (en colaboración con Valverde) en 1880, FIESTA NACIONAL en 1882, HOY, SALE HOY y CARAMELO en 1884, LA GRAN VIA y CADIZ (ambas en colaboración con Valverde) en 1886, DE MADRID A BARCELONA en 1888, EL AÑO PASADO POR AGUA y DE MADRID A PARIS en 1889 (ambas también en colaboración con Valverde), LA CAZA DEL OSO O EL TENDERO DE COMESTIBLES en 1891, LOS DESCAMISADOS en 1893, AGUA, AZUCARILLOS Y AGUARDIENTE, en 1897, LOS ARRASTRAOS en 1899, LA ALEGRIA DE LA HUERTA en 1900 y EL BATEO en 1901. Cuenta Rafael Mitjana que Camilo Saint-Saëns gustaba de asistir a las zarzuelitas de Chueca y que el le regaló un ejemplar de la partitura de una de ellas, DE MADRID A PARIS (en que se cantaba aquello de “A mi me llaman la Pelos, a mi la de Lavapiés”) no quiso el gran músico el obsequio seguramente para no “contaminarse” con algo hecho sin la disciplina debida, pero cuando echaba a la estufa la partitura, volvió a cantar la picaresca melodía para terminar diciendo “Qué clase de talento tiene este demonio de compositor que, casi sin saber música, la crea de tal fuerza que no se la puede olvidar cuando una vez se la oye”. Se lee en el Espasa que no eran sus composiciones la más depurada expresión del espíritu nacional, en el sentido que en todas partes se da a la música popular: eran más bien la inspiración de una musa callejera, bastante artificial, que venía a ser como los couplets en Francia, con el mismo descoco, la misma alegría y la misma facilidad que aquellos, que pronto se convertían en música para los organillos callejeros, para los cafés y, en general, para el pueblo. Fue más que un músico español comprensivo para toda España, un madrileño que improvisaba sus canciones, sin grandes conocimientos de técnica pero dotado de extraordinaria facilidad y exquisita sencillez. Este madrileñismo tuvo sus excepciones, pues CARAMELO y CADIZ, son de puro estilo andaluz, LA ALEGRIA DE LA HUERTA, murciana y el tercer cuadro de LA CAZA DEL OSO O EL TENDERO DE COMESTIBLES, es asturiano neto. Comenta Arnau que a Chueca no se le puede analizar pues antes de que intentemos analizar la construcción de la frase el pensamiento del autor se ha apoderado de nosotros y le seguimos en volandas por los giros inigualados de sus castizos pasacalles. En su creación las cosas fluían de repente o no salían. Lo mismo da en la música que en la letra, si le faltaba una palabra española para llenar su frase musical la inventaba si era necesario en francés macarrónico y se quedaba tan pancho, porque además, el resultado tenía asegurado el éxito.

Joaquín Valverde Durán, nació en Badajoz el 27 de febrero de 1846 y murió en Madrid el 17 de marzo de 1910. Inició sus estudios musicales en su ciudad natal formando parte de bandas militares y orquestas y los prosiguió, a partir de 1862, en el Conservatorio de Madrid bajo la dirección de Arrieta y Aranguren. En 1867 y 1870 obtuvo primeros premios de flauta y composición. Dedicado a la dirección de orquestas y a la composición de más de 200 obras, teatrales sobre todo. Muchas de ellas en colaboración con Bretón, Rogel, Julian Romea, Fernández Caballero, López Torregrosa, su hijo Quinito y sobre todo con Chueca. Sus obras más afamadas fueron LA CANCION DE LA LOLA (1880), LA GRAN VIA y CADIZ (1886), ), DE MADRID A PARIS (1888) y EL AÑO PASADO POR AGUA (1889), todas ellas junto con Chueca con quien colaboró desde 1876 hasta principios de los 90 aportando Valverde sus mayores conocimientos musicales a la intuición, originalidad y gracia de Chueca.

El libretista

Ricardo de la Vega, hijo de Ventura de la Vega, libretista de JUGAR CON FUEGO de Barbieri, nació en Madrid el 7 de febrero (era el santo del día) de 1839 y murió en la misma capital el 22 de junio de 1910. Destaca sobre todo en el sainete y en el madrileñismo por lo que se le considera heredero de Don Ramón de la Cruz. Escribió libretos para Chueca y Barbieri y además de LA VERBENA DE LA PALOMA, continúa en el repertorio EL AÑO PASADO POR AGUA de Chueca y Valverde.

Sinopsis

La escena representa una calle, comienza a amanecer y esta lloviendo a mares, cruzan la escena algunas personas madrugadoras. Aparece el personaje del actor “Julio Ruiz”, persiguiendo a una modista. Ambos llevan el paraguas abierto y cantan una mazurca. En la escena segunda aparece un personaje que representa el Año 1890 y Mariano un guardia municipal, ambos conversan sobre lo lluvioso que ha sido el año anterior, motivo por el cual le llaman el año pasado por agua. 1890 confiesa al guardia sus deseos de entrar en acción, tan pronto muera 1889. Los dos personajes recorren Madrid para ver los efectos de las inundaciones. El público que está en la calle achicando agua, les saluda con júbilo, confiando que el reinado del Año 1890 sea menos lluvioso que el anterior. Aparece Neptuno sobre las aguas, en un magnifico carro tirado por dos caballos, igual que el que figura en la fuente del Paseo del Prado. Neptuno viste un frac encarnado. Mariano presenta a Neptuno el nuevo año, entablando entre ellos una animada conversación sobre cuestiones de la actualidad de la época. El coro interpreta un pasacalle y dos nuevos personajes, El Madrileño y La Menegilda, comentan las excelencias de la Villa y Corte. Aparece en las aguas una góndola que lleva dos personajes, que representan el tenor y la tiple de La Bruja, con el hábito de fraile, y ella con manto negro, haciéndose una parodia de la indicada zarzuela. Seguidamente, tres guardias municipales comentan la dureza de su trabajo, y con una escena en la que un chulo y una chula explican su situación familiar, con alusiones a la actualidad política, termina la obra.

Índice de escenas

La obra, en un solo acto, cuenta con los siguientes números musicales:

1. Preludio y coro general “Que llueva, que llueva. 2. Mazurca “Haga usté el favor de oírme dos palabras”. 3. Vals de Neptuno “De los mares rey me llaman”. 4. Pasacalle y coro general “La la larala…¡Aquí viene la flor de Maravillas! 5. Habanera “Oiga usté, caballero”. 6. Zortzico “¡Ay, niña de mis ojos!”. 7. Vals instrumental. 8. Escena “traemos los cuerpos trunzaus” y chotis “Te estuve esperando en la sastrería”. 9. Final “De las luces, soy la que tiene más chic”.

Personajes

Detallo los principales:

Julio Ruiz: El actor, no “el actriz”. Tenor cómico.
Neptuno: Rey de los mares. Tenor cómico.
Manolo: Galán enamorado. Tenor cómico.
Una modista: Soprano.
Menegilda: Soprano

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