Pasiegos.Los valles del silencio

Trailer del documental «Pasiegos. Los valles del silencio», dirigido por Carlos e Higinio Sáinz Crespo.

Los pasiegos son mencionados quizás por primera vez en el año 1011 con la donación del conde Sancho de Castilla de los derechos de pastoreo en los montes del Pas (junto a los ríos Miera y Pas) y muchas otras zonas al Monasterio de San Salvador de Oña. A partir de 1206 una zona más reducida y correspondiente con estos montes pasó a depender de Espinosa de los Monteros gracias a la Carta donante del Rey a sus Monteros de Cámara, y se fueron poblando aunque aún en el siglo XV todavía era una zona poco habitada. Esta Villa fue su capital económica, administrativa y espiritual.

Así describía en 1861 Pascual Madoz en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar a las gentes del valle del Pas:

Sus habitantes, conocidos con el nombre de pasiegos, se dedican comunmente al tráfico de muselinas y otras telas, extendiéndose por todas las provincias de España. Es de admirar la robustez y valor de las pasiegas, quienes por una marcha, cargan sobres sus espaldas, un cuébano [sic] lleno de mercancías de un peso considerable. Sus costumbres son sin duda muy duras, pues se conservan sanas, y generalmente son preferidas para nodrizas en la corte y en otros muchos lugares de consideración. Sin embargo, no se puede negar que los pasiegos son demasiado aficionados al contrabando, y bajo este aspecto causan gravísimos perjuicios a la Hacienda, contribuyendo a ello las mujeres como los hombres. Estos usan diestramente de un palo largo y grueso para saltar arroyos y breñas, huyendo de las rondas del resguardo.
La pasiega ha sido siempre una sociedad pastoril étnicamente bien definida y delimitada geográficamente: los valles altos del Pas, Miera, y Pisueña, todos dentro de los límites de Cantabria y las montaña de Burgos. Son valles de terreno quebradizo y pendientes escarpadas. Abundan los prados y bosques naturales en un área geológica de carácter kárstico. La población está diseminada en viviendas pastoriles (cabaña pasiega). Su economía siempre ha girado en torno a la ganadería vacuna lechera. Han practicado una ganadería trasterminante que les llevaba a realizar regímenes de mudanza desde las zonas de pastos de montaña a otras en los fondos de los valles. Este acto, llamado «muda» y todo lo que conllevaba, repercutió en la etnografía del área pasiega, desde la arquitectura de las viviendas pasiegas hasta el paisaje de los valles. No obstante, el carácter transhumante de los pasiegos prácticamente ya ha desaparecido. No su economía ganadera, dedicada a la venta de ganado vacuno y leche, que de siempre ha tenido una presencia comercial más allá de los mercados locales o regionales. Fueron buenos ganaderos. Introdujeron la raza de vaca frisona durante la segunda mitad del siglo XIX, lo que transformó de manera sustancial la economía pasiega por ser un animal de superior producción lechera.

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