Un poco de historia (XCIX)

La Flota de Indias en Santander

El 17 de abril de 1659 15 galeones y 10 naves mercantes de gran tamaño entraron en la bahía para fondear en ella “por ser un puerto capaz para cualquier armada”. Todos los barcos formaban la Flota de Indias procedente de las Provincias de Tierra Firme de Indias y habían realizado una tranquila travesía después de zarpar de La Habana a finales de febrero. Los barcos traían plata, maderas nobles, cacao, cuero y otros productos de ultramar. La Flota venía al mando del general-almirante Juan de Echeverri.

Por si la llegada de la Flota no había causado ya bastantes problemas en la maltrecha economía de Santander por los gastos que suponía su aprovisionamiento, el día 13 de mayo se convoca un pleno, presidido por el Corregidor, quien comunica que “el señor D. Antonio de Monsalve, Oficial del Consejo de Indias y de la Casa de Contratación de Sevilla, que vino a recibir a la armada y se encuentra en Santander ha hecho reconocer los castillos y fortificaciones de Santander y el resultado ha sido muy penoso, por lo que se ha visto obligado a hacer encabalgamientos, cobertizos y plataformas para tratar de asegurar la defensa del puerto. En su nombre solicita la mayor cantidad de dinero que se pudiere para hacer frente a esta reparación, hasta que la Real Hacienda tramite su pago”. Los ediles responden diciendo que “la Villa se encuentra con más de 80.000 reales de deuda, sólo de repartimientos de millones, además de otras deudas de derechos reales; tiene sus propios y rentas en concurso de acreedores y con una vecindad tan pobre que no puede pagar el salario del canónigo que pretende gestionar la creación de obispado en Roma; por otra parte, con la llegada de la flota los mareantes están pendientes, día y noche, de la entrada de los galeones, de ancorarlos y asegurarlos en el puerto; las compañías de milicia hacen guardia a diario con sus armas y municiones; por todo ello los vecinos de Santander no pueden acudir a sus pesquerías, dejando de ganar considerables cantidades. Con todo, ofrecen para la reparación de los castillos 3.000 reales de vellón, además de asistir con sus personas, hijos y mujeres a dichas fortificaciones”.

Para paliar en parte la difícil situación financiera de la villa el Ayuntamiento procedió a cobrar alcabalas por los géneros que se desembarcaban. Esta situación se mantuvo hasta la primera semana de agosto, cuando partió del puerto santanderino la última nave de la Flota.


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