Kaká, figura también fuera del estadio

Kaká lo tiene todo para marcar época en la historia del fútbol. Fortaleza, velocidad, regate, espíritu de equipo y un potente disparo con ambas piernas que le hacen peligroso por ambas bandas del ataque de su equipo. Sus últimos éxitos deportivos nos han hecho descubrir un poco más dónde puede estar el mejor valor de Kaká, y tal vez no hay que buscarlo en una depurada técnica ni en una mente privilegiada para dibujar sobre el césped espacios imposibles, sino en una vida ordenada de oración y coherencia con su fe en Cristo.
Fue uno de los héroes de la final de la Liga de Campeones de 2007 en la que su equipo, el Milán, se impuso al Liverpool por dos goles a uno. Nada más terminar el encuentro, mientras sus compañeros rossoneri se abrazaban celebrando el título de campeones de Europa, Kaká se puso de rodillas y elevó sus manos y su mirada al cielo, dando gracias a Dios por el triunfo más importante que le quedaba por conquistar y mostrando una camiseta con un lema escrito: “Pertenezco a Jesús”. Esa misma camiseta ya la había lucido en dos ocasiones: al ganar la liga italiana de 2004 y al ganar el Mundial de 2002 con la selección de Brasil, en Corea y Japón.
Casto hasta el matrimonio
Apenas dos semanas después de su última conquista deportiva, Kaká declaró en la edición italiana de Vanity Fair que llegó casto al matrimonio, siguiendo las enseñanzas de la Biblia: “Para nosotros, la primera noche fue bellísima”, contó.
Nacido en Brasilia el 22 de abril de1982, Ricardo Izecson dos Santos Leite explicó en fechas recientes en una televisión cristiana evangélica -Iglesia a la que pertenece- que su religiosidad es el centro de su vida y el secreto de su éxito: “Dios guía mi camino y eso me da una tranquilidad y una confianza tremendas para hacer mi trabajo”.
Es sabido que su taquilla en San Siro, estadio del Milán, está decorada con salmos de la Biblia y adhesivos con la frase “Dios es fiel”, la misma que la marca deportiva que le patrocina imprime en la lengüeta de sus botas.
En la entrevista a Vanity Fair en la que habla sobre su castidad, cuenta cómo conoció a su esposa, Caroline Celico: “Ella cumplía 15 años y yo tenía 19, pero en Brasil ya era famoso. En 2002, a la vuelta de la victoria en el Mundial, nos hicimos novios. A los 20 años ya pensaba en el matrimonio, siempre lo he hecho. Pero tuvimos que esperar tres años: uno en Brasil y dos a distancia, pues vine a jugar al Milán y ella era demasiado joven para venir conmigo. Pero ese periodo fue importante, puso a prueba nuestro amor“. Sobre este asunto, Kaká reconoce que no ha sido fácil, ya que”soy un chico normal” y que”Caroline y yo hemos hecho muchos sacrificios”, pero añade que tal vez “si hoy nuestra vida es así de hermosa, creo que es porque hemos sabido esperar”.
En las concentraciones de la selección brasileña, Kaká dirige, allá donde estén, un pequeño grupo de oración y lectura de la Biblia, en el que participan, según el día, los Cicinho, Ronaldinho, Zé Roberto y compañía. Una imagen bastante alejada de la que se tiene de estos jugadores.

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