Antístenes, fundador de la ecuela cínica

Antístenes (444 a. C. – 365 a. C.), fundador de la escuela cínica.

1. Antístenes, hijo de Antístenes, fue ateniense. Objetábanle, como en desprecio, que era oriundo de otras regiones, a que respondió: «También la madre de los dioses es de Frigia». Parece que su madre fue de Tracia; así, habiendo peleado valerosamente en la guerra de Tanagra, hizo decir a Sócrates «que de dos atenienses no hubiera nacido tan esforzado». Igualmente el mismo Antístenes, a los atenienses que se jactaban de ser indígenas, los humilló diciendo «que en esto no eran de mejor condición que los caracoles y los saltones». Al principio fue discípulo del orador Gorgias, por cuya razón en sus diálogos manifiesta estilo retórico, singularmente en el titulado La verdad y en los Exhortatorios. Hermipo dice que tenía resuelto en los juegos ístmicos vituperar y alabar a los atenienses, tebanos y lacedemonios, pero que después lo omitió, viendo eran muchos los concurrentes de estas ciudades. Después fue discípulo de Sócrates, y aprovechó tanto en él, que exhortó a sus discípulos se hiciesen sus condiscípulos en la escuela de Sócrates. Habitaba en El Pireo y andaba cada día los 40 estadios (346) para oír a Sócrates, del cual aprendió a ser paciente y sufrido, imitó su serenidad de ánimo, y así fue el fundador de la secta cínica.

2. Que el trabajo es bueno, lo confirmaba con el ejemplo de Hércules el Grande y de Ciro, trayendo aquél de los griegos y éste de los bárbaros. Fue el primero que definió la oración, diciendo: «La oración es una exposición de lo que era o es». Decía a menudo: «Primero maniático que voluptuoso». Y asimismo: «Conviene tratar con aquellas mujeres que correspondan agradecidas». A cierto joven que, habiendo de ir a su escuela, le preguntó de qué necesitaba, le respondió: «De un cartapacio nuevo, de una pluma nueva y de una tablita nueva» (347), manifestando por ello que necesitaba de juicio. A uno que le preguntaba de qué calidad debía ser la mujer con quien se casaría, le dijo: «Si la recibes hermosa, será común a otros; si fea, te será gravosa.» Habiendo oído en cierta ocasión que Platón decía mal de él, respondió: «De reyes es el oír males habiendo hecho bienes.» Cuando fue iniciado en los misterios órficos, como el sacerdote le dijese que los iniciados en tales misterios eran participantes de muchos bienes en el infierno, respondió: «Pues tú, ¿por qué no te mueres?» Objetándole una vez el que no era hijo de dos libres, respondió: «Ni tampoco de dos palestritas o luchadores, y no obstante, soy palestrita.»

3. Preguntado por qué causa tenía pocos discípulos, respondió: «Porque no los arrojo de mí con vara de plata.» Preguntado también por qué corregía a sus discípulos tan acerbamente, dijo: «También los médicos a los enfermos.» Habiendo una vez visto a un adúltero, dijo: «¡Oh infeliz, de cuánto peligro huir pudiste con un óbolo!» Según Hecatón en sus Críos, solía decir «que es mejor caer en poder de cuervos que en el de aduladores; pues aquéllos devoran los muertos, éstos los vivos». Preguntando qué cosa era la mejor para los hombres, respondió: «El morir felices.» Lamentándose una vez en su presencia un amigo suyo de que había perdido unos Comentarios, le dijo: «Convenía los hubiese escrito en el alma, y no en el papel.» Decía «que como el hierro es comido de la escoria, así de la propia malignidad los envidiosos. Que los que quieren ser inmortales deben vivir pía y justamente. Que las ciudades se pierden cuando no se pueden discernir los viles de los honestos.» Alabado una vez por ciertos hombres malos, dijo: «Temo haber cometido algún mal.»

4. Decía «que la vida unánime y concorde de los hermanos es más fuerte que toda muralla. Que para la vida se deben prevenir aquellas cosas que en un naufragio salgan nadando con el dueño» (348). Afeándole en cierta ocasión el que andaba con los malos, respondió: «También los médicos andan con los enfermos, y no cogen calenturas». Llamaba «cosa absurda quitar el joyo de las mieses, y del ejército los soldados inhábiles, sin arrojar de la república los malos.» Preguntado que había sacado de la filosofía, respondió: «Poder comunicar conmigo mismo.» A uno que en un convite le dijo que cantase, le respondió: «Toca tú la flauta.» A Diógenes, que le pedía una túnica, le dijo «que doblase el manto». Preguntado qué disciplina es la más necesaria, dijo: «Desaprender el mal.» A los que oían se hablaba mal de ellos, los amonestaba «a que lo sufriesen con paciencia aún más que si uno fuese apedreado».

5. Motejaba a Platón de fastuoso; y en cierta pompa pública, viendo relinchar a un caballo, le dijo: «Paréceme que tú hubieras sido un bellísimo caballo.» Dijo esto porque Platón alababa mucho cierto caballo. Habiendo venido una vez a visitar a Platón, que estaba enfermo, y mirando una vasija en que había vomitado, dijo: «Veo aquí la cólera; pero el fasto no lo veo.» Aconsejaba a los atenienses hiciesen un decreto de que los asnos eran caballos; y teniendo ellos esto por cosa irracional, dijo: «Pues entre vosotros también se crean generales de ejército que nada han estudiado, y sólo tienen en su favor el nombramiento.» A uno que le decía: «Muchos te alaban», le respondió: «Pues yo, ¿qué mal he hecho?» Como pusiese una vez a la vista la parte más rasgada de su palio, mirándolo Sócrates, dijo: «Veo por el palio tu gran sed de gloria.» Preguntado por uno (así lo dice Fanias en el libro que compuso De los socráticos) qué debía hacer para ser honesto y bueno, le respondió: «Aprende a ocultar tus vicios de los que los conocen» (349). A uno que loaba las delicias, le dijo: «Los hijos de los enemigos viven deliciosamente.» A un joven que se hermoseó demasiado para ser retratado de relieve, le dijo: «Di tú: si el bronce recibiese voz, ¿de qué piensas se gloriaría?» Diciendo él que de la hermosura, respondió: «¿Pues no tienes vergüenza de parecerte en la alegría a un inanimado?» Habiéndole un joven póntico ofrecido que lo cuidaría mucho luego que llegase su nave cargada de pescado salado (350), tomando él un costal vacío se fue a una vendedora de harina, y llenándolo bien, se lo llevaba; mas como la mujer pidiese el valor de la harina, le dijo: «Este joven lo dará cuando llegue su nave con pescado salado.»

6. Parece que Antístenes fue causa del destierro de Ánito y de la muerte de Melito (351); pues habiendo encontrado unos jóvenes que venían a la fama de Sócrates, los condujo a Ánito, diciéndoles «que en la moral era más sabio que Sócrates»; sobre lo cual, indignados los circunstantes, lo desterraron. Si veía alguna mujer muy adornada, se iba a su casa y mandaba a su marido sacase caballo y armas; pues si las tenía, podía permitirle los adornos, como que con ellas se repelen las injurias; pero si no, decía que la quitase los ornatos.

7. Sus opiniones o dogmas son: «Que la virtud se puede adquirir con el estudio. Que lo mismo es ser virtuoso que noble. Que la virtud basta para la felicidad, no necesitando de nada más que de la fortaleza de Sócrates. Que la virtud es acerca de las operaciones, y no necesita de muchas palabras ni de las disciplinas. Que el sabio se basta él mismo a sí mismo. Que todas las cosas propias son también ajenas. Que la falta de celebridad es un bien, e igual al trabajo. Que el sabio no ha de vivir según las leyes puestas, sino según la virtud. Que se ha de casar por motivo de procrear hijos y con mujeres hermosísimas (352). Que ha de amar, pues sólo el sabio sabe la que debe ser amada.» Diocles le atribuye también lo siguiente: «Para el sabio ninguna cosa hay peregrina, ninguna extraña. El bueno es digno de ser amado; y el virtuoso bueno para ser amigo (353). Deben en la guerra buscarse aliados que sean animosos, y al mismo tiempo justos. La virtud es un arma que no puede quitarse. Más útil es pelear con pocos buenos contra muchos malos, que con muchos malos contra pocos buenos. Conviene precaverse de los enemigos, pues son los primeros en notar nuestros pecados. En más se ha de tener un justo que un pariente. La virtud del hombre y la de la mujer es la misma. Lo bueno es lo hermoso; lo malo torpe. Ten por extraño todo lo malo. El muro más fuerte es la prudencia, pues ni puede ser demolido ni entregado. Los muros deben construirse en nuestro inexpugnable raciocinio y consejo».

8. Disputaba en el Cinosargo, gimnasio cercano a la ciudad, de donde dicen algunos tomó nombre la secta cínica. Aun él solía llamarse a sí mismo Aplocúon (354). Fue el primero, según Diocles, que duplicó el palio, sin llevar otra ropa, y que tomó báculo y zurrón. Neantes dice que fue el primero que duplicó los vestidos; y Sosícrates, en el libro III de las Sucesiones, dice que Diodoro Aspendio fue quien crió barba y usó báculo y zurrón. De todos los socráticos, sólo a éste celebra Teopompo. Y dice que fue muy hábil, y que con la elegancia de su conversación captaba a cualquiera. Esto consta de sus mismos escritos y del Convite de Jenofonte. Parece, pues, fue también autor de la secta estoica rigurosísima. Así, Ateneo, poeta epigramático, habla de éstos en la forma siguiente:

¡Sabios estoicos, que excelentes dogmas
en páginas sagradas recogisteis,
diciendo doctamente
que sólo la virtud es bien del alma!
Sí; pues con ella sola está segura
la vida de los hombres y los pueblos.
Si para otros varones fue el deleite
último fin, Euterpe dio motivo.

9. Antístenes fue quien condujo a Diógenes a su tranquilidad de ánimo, a Crates a su continencia y a Zenón a su paciencia. Así, que él puso los fundamentos de esa república (355). Jenofonte dice fue suavísimo en la conversación, y en las demás cosas continentísimo. Andan diez tomos de escritos suyos; en el primero están los tratados siguientes: De la dicción o locución, o sea, De las figuras; Áyax, u Oración de Áyax; Ulises, o De Ulises; Apología de Orestes, que trata de los escritores jurídicos; Isógrafe o Desías, o sea, Isócrates, contra el escrito de Isócrates, titulado Amartyros. En el tomo segundo se hallan los libros siguientes: De la naturaleza de los animales; De la generación de los hijos, o sea, De las nupcias: es obra amatoria; De los sofistas, libro fisonómico; De la justicia y fortaleza, diálogo monitorio, primero, segundo y tercer libro; el cuarto y quinto tratan de Teognides. El tomo tercero contiene los tratados Del bien, De la fortaleza, De la ley o De la República, De la ley o De lo honesto y justo, De la libertad y servidumbre, De la fe, Del curador o Del obtemperar, y De la victoria, libro económico. En el tomo cuarto están los libros Ciro, Hércules el Mayor o De la fuerza. En el quinto están Ciro o Del reino y Aspasia. En el sexto, De la verdad; De la disputa, libro antilógico; Satón; tres libros De la contradicción y Del dialecto. En el séptimo: De la disciplina o De los nombres, en cinco libros; Del morir; De la vida y de la muerte; De lo que hay en el Infierno; Del uso de los nombres, o sea, Erístico; De la pregunta y respuesta; De la opinión y de la ciencia, en cuatro libros; De la naturaleza, dos libros; Cuestión acerca de la Física, dos libros; Opiniones, o sea, Erístico, y Problemas acerca del aprender. El tomo octavo encierra los tratados De la música, De los expositores, De Homero, De la injusticia e impiedad, De Calcante, Del observador, y Del deleite. El tomo noveno contiene los tratados siguientes: De la Odisea, Del báculo o vara (356), Minerva o De Telémaco, Helena y Penélope, De Proteo, El cíclope o De Ulises, Del uso del vino o De la ebriedad, o sea, Del cíclope, De Circe, De Amfiarao, De Ulises y Penélope y del perro. El tomo décimo abraza el Hércules o Midas; Hércules, o sea, De la prudencia o de la fuerza, El Señor o Amador, Los señores o Los exploradores, Menexeno, o sea, Del imperar, Alcibíades, Arquelao, o sea, Del reino. Hasta aquí sus escritos; por cuya multitud Timón lo llamó por motejo Bufón ingenioso.

1O. Murió de enfermedad, a tiempo que entrando a él Diógenes le dijo: «¿Necesitas de un amigo?» Había entrado ya antes con un puñal, y diciendo Antístenes: «¿Quién me librará de estos males?», respondió Diógenes mostrando el puñal: «Éste.» A lo cual replicó Antístenes: «De los males digo, no de la vida.» Parece, pues, que el deseo de vivir le hacía sufrir la enfermedad con mayor blandura. Mis versos a él son éstos:

Fuiste, Antístenes, perro
con tanta propiedad mientras viviste,
que mordiste los hombres,
si con los dientes no, con las palabras.
De tísica moriste; y dirá alguno:
«¿Pues cómo? ¿No era fuerza
que otro lo condujera a los infiernos?»

Hubo otros tres Antístenes: uno de la escuela de Heráclito, otro efesio; y otro cierto historiador rodio.

11. Y por cuanto hemos tratado de los que salieron de las escuelas de Aristipo y Fedón, daremos ahora los que procedieron de Antístenes, que son los cínicos y estoicos. Son como se sigue:

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(346) Los cuarenta estadios hasta la ciudad, que serían cerca de una legua y media.
(347) Es un juego de palabras, y el mismo que dijimos en la nota 167 a la vida de Estilpón, separando la voz χαινοϋ, en χαι νοϋ. Así, decía Antístenes: «Necesitas de un cartapacio y de mente, de una pluma y de mente, de una tablita y de mente», al mismo tiempo que parecía decir como en el texto que traduzco. Antiguamente escribían también sobre tablitas enceradas, y en vez de pluma usaban punteros de acero, llamados en griego γραφεϊον, y en latín graphium y stilus.
(348) Vitrubio, en el prefacio del lib. VI, atribuye esto a Aristipo.
(349) Literalmente: «Si los vicios que tienes, el que deben huirse aprendieres de los que los conocen.» Εί τά χαχά ά έχεις δτιφευχτά ίστι μάθοις παρά τών είδότων.
(350) Τών ταρίχων.
(351) Son los dos acusadores de Sócrates.
(352) Acaso mejor fecundísimas εύφνεσοάταις.
(353) El texto οί σπουδαϊος, φίλοι puede admitir otro sentido.
(354) Significa perro simple o manso.
(355) En la edición holandesa de 1698, y en la de Lipsia de 1759, añade aquí el traductor latino las palabras quamodo peram Crates vocabat. Las he omitido por no hallarse en el texto griego, aunque es verdad que Crates llamaba al zurrón la ciudad de Pera.
(356) Περί τής ρά βδον.

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