Dies Domini 7 de marzo de 2010

Tercer Domingo de Cuaresma


Evangelio

En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:
«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
Y les dijo esta parábola:
«Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces el viñador: Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás».
Lucas 13, 1-9

En las manos de Cristo

El curioso texto del Evangelio de esta semana puede llevar a alguien a pensar que se trata de una cadena de desgracias sin sentido, o a plantear situaciones de reivindicaciones localistas; pero no van las cosas por ahí. Prestad atención a la reacción de Jesús cuando le dan la noticia de los galileos asesinados: no se deja llevar de sentimientos patrióticos -su origen es galileo-, ni se detiene en otros temas, sino que aprovecha ese incidente que le han comunicado para invitar a un verdadero arrepentimiento y a la conversión… La centralidad de su misión no la olvida. La existencia de cada persona puede truncarse tan repentinamente como la del caso de los galileos asesinados, o como el caso de los que sufrieron el accidente de la caída de la torre de Siloé… San Lucas recuerda lo que habría escuchado, esta misma noche: puede Dios reclamarnos la vida para someterla al examen. El sentido de estos casos va en la línea de la frágil condición humana y de las circunstancias críticas que la rodean. El tema de una muerte repentina debe hacer reflexionar más a los vivos, e incitarlos a arrepentirse y a reformar su vida, es decir, a aceptar con fe la palabra salvífica de Dios, que Él mismo ha venido a proclamar.
La parábola de la higuera estéril viene bien como conclusión de los dos ejemplos anteriores, donde se resalta que el hombre no tiene la llave de su vida y que el final de ella es imprevisible; así que es importante cuidarla, pero es más importante estar de cara a Dios, más cuando sabemos que nos pedirá cuentas de cómo hemos puesto a trabajar los dones y talentos que nos ha regalado. La parábola nos advierte de las responsabilidades desaprovechadas cuando, delante de Dios, nos presentemos con una vida improductiva y vacía, o malgastada inútilmente. Esto es muy importante.
Dios abre puertas, la de su misericordia y la de su llamada al arrepentimiento, antes de que sea demasiado tarde. Las dos primeras situaciones que se presentan son de muerte: unos galileos que mueren por la perversidad de otro ser humano, y otros, aplastados por una torre, como consecuencia de un accidente; pero el caso de la higuera es otro. La advertencia está hecha, la higuera estaba condenada porque no daba fruto, estaba muerta. Éste es el pecado, para el punto de vista de un creyente, tener todas las posibilidades y no dar fruto, preferir la muerte a la vida, negar a Dios y potenciar el propio interés… Ved cómo se destaca que Dios es paciente, que da oportunidades una y otra vez…, pero la pereza, la falta de decisión personal, dejarlo todo para mañana… no es buen camino.
+ José Manuel Lorca Planes
obispo de Cartagena y A.A. de Teruel y Albarracín

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