Dies Domini 25 de abril de 2010

Cuarto Domingo de Pascua

Jesús ofrece seguridad

Jesús ofrece seguridades, aunque el mundo huya de ellas. Los versículos anteriores al texto del evangelio que se proclama este domingo, hablan del Buen Pastor que conoce a sus ovejas, y de que Él es la puerta de las ovejas. Los fariseos, expertos en la Escritura, sabían perfectamente qué les estaba diciendo Jesús, pero no querían entenderle, porque el Señor les estaba afirmando, con esa figura, que era el Mesías esperado. Por esta razón le insisten de malas formas: «¿Hasta cuando vas a tenernos en vilo? Si eres el Cristo, dínoslo claramente de una vez». El problema de estos personajes era que no estaban dispuestos a reconocerle como la puerta, que no se terminaban de fiar y, mejor, que no querían fiarse, ni siquiera escucharle, porque ya lo habían rechazado.
A los personajes que se ponían nerviosos ante Jesús, no les importaba nada su persona; lo que les molestaba era que les desestabilizara su status, éste era su pecado. El orgullo y la autosuficiencia les cegaba y no alcanzaban a ver la puerta. Estos pecados les llevaban a perder la fe, y, sin la fe, hace su agosto la desconfianza… Ruego atención a este tema: la soberbia y el orgullo son los indicadores externos de una persona sin fe, desorientada y sola, porque no se fía de nadie…, incapaz de poder decir: ¿Quién nos separará del amor de Cristo?
Si vemos las cosas desde el otro ángulo, el de los que se han fiado, se disipan las tinieblas y es más luminoso el panorama, porque el que es de Jesús está en sintonía interior con Él, con su Luz; siente que le pertenece y que nadie le hará daño, porque está seguro en las manos de Dios. Creo que sigue siendo muy válido el testimonio de Pablo, cuando abre su corazón y nos muestra las razones de su ser: «Para mí, la vida es Cristo». Así de directo; sin rodeos, convencido y avalado por su misma historia y con una contundente seguridad, nos dice que «lo importante es llevar una vida según el Evangelio».
Conviene hacer un alto en el camino, mirar alrededor y ser conscientes de que hay empeño en querer apartar a Dios de nuestras vidas, haciendo del materialismo un dogma, y del rechazo de la religión, un programa. Ve a la Iglesia, ponte de rodillas delante del sagrario y pídele a Nuestro Señor que actúe su gracia en el interior de tu ser, para que, conociéndole bien, puedas permanecer en Él, como oveja de su rebaño. Esa gracia hay que implorarla: la regala el Señor. A partir de tu decisión, comenzarás a ser otra persona. Felicidades.
+ José Manuel Lorca Planes
obispo de Cartagena
y A.A. de Teruel y Albarracín


Evangelio

En aquel tiempo dijo Jesús:
«Mis ovejas escuchan mi voz; y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre somos uno».
Jn 10, 27-30

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