Marzas 2020

De casa salimos, con mucha prudencia, con mucha prudencia,
a cantar las marzas, si nos dan licencia, si nos dan licencia.
a cantar las marzas ,vienen los marceros
como las cantaban mis padres y abuelos.
A cantar las marzas ,vienen los del pueblo.
a esta casa saludamos, con alegría y sumisos,
Vamos a cantar las marzas, si ustedes nos dan permiso.
Buenas noches caballeros, vamos a cantar las marzas.
Las marzas son.
Venimos a pedir marzas, que es estilo que tenemos
de nuestros antepasados, y no queremos perderlo.
Buenas noches caballeros, vamos a cantar las marzas
Las marzas son.
Ni es descortesía, ni es desobediencia
en casa de nobles, cantar sin licencia.
Marzo florido, que bonito entras
regando los campos, con sus flores bellas
Y los pajaritos, en las arboledas
Cantando disfrutan, lo que ellos desean.
A lo que esta casa, sólo les queremos
Dichas y alegrías, y también dinero.
Al oído oído, damas y doncellas,
oiréis las marzas, nuevamente impresas;
abriréis las arcas, daréisnos dinero
a medios doblones, doblones enteros.
Adiós hasta el otro año,
hasta el año venidero,
que si Dios nos da salud, a cantarlas volveremos.
Marzo florido que bonito entras, que bonito entras.

 

Las Marzas

La mayoría de los pueblos ibéricos de la Antigüedad, se regían por un calendario lunar en el que su inicio era el 1 de marzo con el ritual de “la Noche de Marzas”. En él se conmemoraba el inicio de la primavera. Los romanos modificaron el calendario trasladándolo a enero. Solamente las gentes del norte siguieron cantando las marzas en las primeras horas de la última noche de febrero.
Primero, los marceros, piden licencia al alcalde, a lo que sigue la ronda por las distintas casas del pueblo solicitando el aguinaldo, no sin antes pronunciar en cada casa. Son numerosas las variantes de las letras de las marzas según la comarca donde se canta.

Las Marzas se consideran en Cantabria una de las tradiciones más antiguas. Son cánticos que se interpretan la última noche de febrero celebrando la llegada de marzo  (de ahí su nombre) y con él la primavera.  

El mes de marzo, era venerado desde tiempos inmemoriales por los antiguos pobladores de la Península Ibérica y de otros pueblos de Europa por lo que significaba en cuanto al “sustento”. Era el mes de la siembra y considerado, incluso, el primer mes del año. Fue más tarde, con el calendario gregoriano, cuando se traslada el comienzo del año al primer día de enero. No obstante, las marzas se conservaron en algunas zonas del Norte de España, como en Cantabria. 

Las marzas las cantaban los marceros, es decir los mozos solteros del pueblo y aprovechaban para rondar también a las muchachas casaderas que les interesaban.

Cantaban también en otros momentos del año (Nochebuena, noche de Reyes, en la «Enhorabuena» (víspera de boda) y en general siempre que les interesaba a alguno de ellos salir a «levantar novias», ya que éstas, a veces, se tenían que levantar de la cama por las altas horas de la madrugada en las que se hacía la ronda. A cambio de los cantos, pedían una recompensa que, generalmente, era en especie: chorizo, jamón, huevos, etc. con la cual después hacían una merendola. 

Las Marzas es una tradición viva, es decir, se siguen inventando letras de Marzas y se siguen cantando por los pueblos, de ahí lo interesante que resulta que sepamos transmitir estas y otras tradiciones a nuestros hijos y nietos. La sabiduría popular dice: «Cuánto más grandes son las raíces de un árbol, más grande y frondosa es su copa». 

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