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Dies Domini 10 de mayo de 2009

Quinto Domingo de Pascua
Evangelio
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto, lo arranca; y al que da fruto, lo poda para que dé más fruto. Vosotros estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.Yo soy la vid, vosotros, los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí, lo tiran fuera, como al sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará.Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante y así seréis discípulos míos».
Juan 15, 1-8
Comentario
El amor de Dios por su viña, que es el pueblo de Israel, que es la Iglesia, que somos cada uno de nosotros, es patente. Sin embargo, tratamos de vivir separados de su amor, sin saber que entonces nuestra vida no da fruto. ¡Qué verdad que separados de Él no damos fruto, no somos capaces de nada! ¿No será éste el gran drama de nuestra vida? ¿No será ésta la clave de que mucha de nuestra pastoral, de las acciones de nuestros grupos, son estériles porque ya casi no contamos con Él? ¿No será que queremos tener vida sin estar unidos como el sarmiento a la vid? Sin Mí nada podéis hacer: ésta es la sabiduría de la vida. Tenemos que volver, una y otra vez, la mirada a Cristo resucitado. Es necesario descubrir lo que nos recuerda el Papa Benedicto XVI: una vuelta a su Corazón, a descubrir que Dios es Amor y que es preciso el encuentro con el Resucitado para que nuestra vida se transforme. Dios es el amigo y el viñador que desea que demos frutos de amor. Mi experiencia me dice aquello que decía el Beato Manuel González: donde se pone como centro a Cristo vivo en la Eucaristía, celebrada, comulgada y adorada, todo cambia, todo es distinto. Se vuelve a vivir en la alegría del Señor Resucitado. Se empieza a vivir.Nuestra gente tiene un olfato especial para descubrir cuándo lo que se dice, se vive, la vida está detrás de las palabras; o cuándo lo que se dice es palabra hueca y estéril. Nadie da lo que no tiene. Nadie transmite vida, si está muerto. Nadie puede entusiasmar, si en su corazón no se ha realizado el encuentro con la Vid verdadera. Es preciso volver, una y otra vez, la mirada al Dios vivo y resucitado. Es necesario volver a nacer por dentro a la vivencia del silencio de su amor incondicional. Es necesario descubrir que sólo el mundo se transforma con hombres y mujeres que pueden decir cómo sabe Dios, porque viven unidos al Camino que nos conduce a la vid verdadera, que se llama Jesús, el Amigo viñador, que, como dice la canción, te cuida de sol a sol.Nuestras parroquias, nuestra gente, nuestra tierra necesita místicos, hombres y mujeres seducidos por Dios, contemplativos del misterio del Dios amor, que viven unidos a la Trinidad para llevar al mundo el testimonio de lo que hemos visto y oído. Es necesario descubrir que no existe anuncio de Jesús sin conocer a Jesús de corazón. No podemos quedarnos en teorías, en un mundo que ve tanta televisión. Es preciso volver a descubrir que los profetas del Evangelio han vivido la experiencia de estar unidos como la vid al sarmiento y han vivido en el amor la contemplación del Señor, para adentrarse en la vida de los que viven buscando que sus vidas den fruto, y fruto abundante.Dios es tu Amigo, el Viñador. El Amor que se llama Jesús y que, como el buen vino, con el tiempo va ganando sabor. Un Viñador que mira por su viña, que mira por ti.
+ Francisco Cerro Chaves, obispo de Coria-Cáceres
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